CAPÍTULO 9~ CONEXIÓN CON POTTER:
¿Qué le llamase abuelo? ¿Cómo iba a hacer eso? Parecía imposible que siendo él el director de la escuela en la que llevaba tres años estudiando, nunca hubieran hablado en privado.
- Bien, Stevie. Tengo que hablarte sobre dos años atrás te dijo Hagrid.
- ¿El que, exactamente?
- Sobre Harry Potter. - Hagrid le contó que ella y Harry tenían una espécie de conexión, por eso les regaló las dos lechuzas gemelas, y por eso les hizo ir juntos al Callejón Diagón.
- Ah, sí... ¿Qué pasa?
- Verás, Stevie. - El rostro de Dumbledore expresó inquietud, como muestra de que no sabía muy bien como explicarle todo aquello a..., su nieta. - El padre de Harry y tu padre fueron grandes amigos cuando eran jóvenes. Entre ellos, desde el principió, se creó un vínculo que solo se crean entre algunos magos. Se llama Connexión Amiciatum.
- ¿Connexión Amiciatum? - Stevie no pudo aguantar una pequeña risa. El nombre le resultó altamente gracioso y algo ridículo.
- Sí. Es lo que llegaría a ser lo siguiente a la amistad más verdadera que pueda existir. No se controla. No se escoge. Simplemente pasa. Como cuando una persona se enamora. Solo que en este caso es solo amistad. Sin quererlo, se convierten en hermanos el uno para el otro.
- ¿Cómo la amistad de Hermione, Ron y Harry?
- La amistad que tienen ellos tres es una amistad muy fuerte, sin duda. Preparada para cualquier prueba que les depare. Pero no, no es así. Esa amistad se creó a base de tiempo y cuidado. En cambio, los magos están pre-destinados a tener una Conexión Amiciatum. Fué lo que le pasó a James y a tu padre, aunque no fueran mejores amigos, y no fueran todo el tiempo juntos, ese vínculo seguía estando ahí. Al tener ese vínculo entre ellos, vosotros, y eso es algo nuevo, parece ser que lo heredasteis.
- ¿Quieres decir que Harry y yo tenemos la Conexión Amiciatum esta?
- Exacto.
- ¿Él lo sabe?
- ¿Quién? ¿Harry? - Stevie asintió. - Sí, por supuesto. Hablé con él ayer por la tarde. Pobre.., tiene muchas cosas en la cabeza.
- Sí... - El tono de voz de Stevie bajó hasta convertirse en un susurro para sí misma. - No es el único...
- ¿Qué?
- No, nada, perdón.
- Bien. Te quería hablar de otra cosa también. Tengo entendido de que vas mucho con Fred y George Weasley, ¿me equivoco?
- Eh.., no. - Intentó ocultar su incomodidad con un tono algo más convincente. - No, no. Es cierto, són mis mejores amigos. - Stevie tenía algo de miedo por si su abuelo le preguntaba algo del "amor" que tenía, mejor dicho, que había tenido con uno de los gemelos pelirrojos.
- Está bien. Ellos, ya que tenéis confianza, te ayudarán a preparar los partidos. - Stevie halzó la vista.
- ¿Pa... Partidos? ¿De qué?
- ¿De qué? - Dumbledore rió. - De quiddich, por supuesto.
- ¿Quiddich?
- Sí. Tengo entendido que eres muy buena en el vuelo. Y tienes una perfecta escoba a tu disposición, ¿no es cierto?
- Bueno.., yo.., sólo he jugado una vez, y...
- Una escepcional vez, desde luego. No hay nada más que decir, empezaréis hoy mismo.
Dumbledore se levantó con una sonrisa y salió de la habitación dejando en sola a Stevie, cual seguía atónita. Su padre había sido un gran jugador de quiddich pero..., ¿qué le hacía pensar a Dumbledore qué ella también lo sería? Lo de tercer año fué suerte. Pura suerte. Estaba rabiosa, y solo quería dejar mal a Malfoy. Pero ahora debía hacerlo bien. Muy bien. Porque a parte, tenía de entrenadores a Fred y a George. George. La única persona con la que no quería hacer el ridículo.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por una puerta que se abría. Stevie se quedó aún más atónita.
- ¿Quién... Quién eres?
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