dimarts, 26 de febrer del 2013

CAPÍTULO 7♥.


CAPÍTULO 7~ UN ATAQUE DIFERENTE AL DEMENTOR: 
 - ¿Dementor? ¿Qué són? - Preguntó Stevie. 
- Són unas criaturas que absorven el alma o algo así. 
- Ah, estupendo. Estoy deseando tener su visita. 
El frío se apoderaba cada vez más del tren. George se sacó la chaqueta y se la dió a Stevie, la cual tenía cada vez peor cara. Estaba muy pálida y tiritaba muchísimo.
- ¿Seguro que estás bien? Porque no lo parece. - Dijo Fred, compartiendo la opinión con George, y Lee.
- Sí. - Mintió ella, abrochándose la chaqueta temblorosa.
A pesar de que ninguno se la creyó, no tuvieron tiempo de decir nada más, pues una figura negra acababa de pararse delante del compartimiento.
- Quedaros quietos. No hagáis nada que les haga pensar que sois un enemigo. - Dijo Stevie. Había oído a Hermione hablar de los dementores y de como evitar que te hicieran daño. En esos momentos, era útil escucharla.
Se pegaron todos al final del compartimiento. El dementor se movía sinuosamente. Llevaba una gran capa negra con capucha que no dejaba ver que había debajo de esta. Draco apretaba con mucha fuerza el brazo de Stevie. Esta, que igual que todos, estaba muy asustada, no hizo nada para liberarse. Una mano súcia y podrida salió de la capa y se disponía a abrir la puerta, pero por lo visto, vió algo más interesante en el compatimiento de al lado, y se fué dejando tras de sí un frío aún más intenso, que desapareció en unos minutos. Fué entonces cuando Stevie se dió cuenta de que tenía a Draco pegado al brazo. Con un movimiento brusco consiguió que Malfoy se soltara de ella, y por consecuencia, cayó al suelo. Fred y George se rieron mientras se incorporaban de nuevo en los asientos.
- Draco, que valiente eres, hijo. - Dijo Stevie levantándose y sentándose también. Este miró con cara de desprecio a los gemelos que seguían riéndose y salió del compartimiento.
- ¿Qué han venido a hacer aquí? - Preguntó Lee.
- Nuestro padre nos ha dicho que están haciendo patrullas para encontrar a Sirius Black. - Contestó George.
- ¿Y eso? - Curioseó Stevie.
- Los dementores són los vigilantes de Azkaban. Por eso los prisioneros de allí acaban tan mal. Los dementores absorven la felicidad del lugar en donde se encuentran. Si el delito que cometen es muy grave, pasan al siguiente nivel. - Explicó Lee. Los dementores siempre habían sido sus criaturas favoritas, aunque les tenía bastante miedo, las encontraba muy interesantes a la vez que aterradoras.
- ¿Los matan? - Preguntó Fred. Los tres parecían muy atentos a lo que explicaba Lee.
- Mucho peor. Les hacen lo que se llama El beso del dementor.
- ¿Qué es eso? - Preguntó Stevie. Lee hablaba con voz baja, lo cual daba un aire más misterioso a su explicación. El chico moreno estaba sentado en un banco, y los los demás en el otro. Stevie estaba en el miedo, George a la derecha y Fred a la izquierda. Los tres se apollaban con los codos sobre sus rodillas para escuchar mejor a Lee.
- Es cuando un dementor acerca su boca a la de su víctima y una vez está suficientemente cerca...
- ¿Sí? - Se impacientaba Stevie.
- Le sorbe el alma.
- ¿El alma? - Dijo Fred mientras él, su hermano y Stevie se levantaban echándose para atrás, con cara de desagrado.
- Sí.
- ¿Toda?
- Toda.
- Eso es espantoso. - Dijo Stevie, que se encontraba bastante mejor, pero el relato de Lee le había vuelto a revolver un poco el estómago.
Nadie pudo añadir nada más porque en ese momento entró Neville Longbottom por la puerta, acompañado de Hermione, Harry y Ron. Harry tenía muy mala cara.
- ¿Estáis bien? - Preguntó Hermione, entrando la primera al compartimento.
- Sí. ¿Vosotros? - Contestó Stevie, aunque sabía la respuesta en relación a Harry.
- Harry no. Se ha...
- Se ha.., ¿qué?
- Se ha...
- Me he desmayado. - Dijo Harry, sentándose al lado de Lee. - Puedes decirlo, no me da vergüenza. Además.., ellos no dirán nada.
- Ni lo dudes, Harry. - Dijo Fred divertido.
- Nadie sabrá que te dió un tululu por ver al dementor. - Añadió George con una sonrisa.
- Muy amables, gemelos. - Dijo Harry con una pizca de sarcasmo.
En ese momento un profesor que Stevie no había visto nunca entró en el compartimento. Parecía tener prisa, pero mantenía una actitud muy serena. En la mano llevaba algo que parecía...
- Chocolate. - Dijo, entregándoles a Lee, a Stevie y a los gemelos un trozo. Estos se percataron entonces de que los recién llegados ya llevaban un trozo en la mano. - Para todos. Os ayudará a sentiros mejor.
Al acabar de repartir el chocolate se fué, por lo que parecía, repartir por todos los demás compartimentos.
- ¿Quién...? - Preguntó Stevie.
- Es el profesor Lupin. El nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
El tren paró de nuevo. Habían llegado. Fueron bajando ruidosamente del tren, dispuestos a pasar otro año divertido en Hogwarts, aunque Stevie, solamente podía pensar en que para ella, quizás fuese el último.



















































dilluns, 18 de febrer del 2013

CAPÍTULO 6♥.


CAPÍTULO 6~ EL DEMENTOR: 
Nadie excepto Stevie y George estaba escuchando a Hermione. 

-  Hermione... ¿Qué pasa? - Preguntó Stevie. 
- Tu pulsera... está roja. 
Stevie soltó un grito ahogado y se miró la pulsera..: Era verdad. Se había vuelto roja. 
-  ¿Y qué? ¿Qué significa? - Preguntó George que no se enteraba de nada. 
- Significa que tengo sed. Hermione, ¿me acompañas a pedir una cerveza de mantequilla? 
- Pero... 
- ¡Ahora! 

Hermione aceptó a regañadientes y, ante la mirada incrédula de George, se fueron a la barra del bar. 

-  Dos cervezas de mantequilla, por favor. - Pidió Hermione a la camarera, qué con una sonrisa, se retiró a la trastienda. 
- ¿Cómo se te ocurre decirlo en voz alta? - Preguntó Stevie enfadada. 
- Nadie sabe a que me refería. 
- Y si sí lo sabían? 
- Por favor. Solo nos estaba escuchando George, y George... Es George. 
- Ya pero... 
- Vayamos a lo importante. ¿Todavía te gusta George? 
- ¿Qué? ¡No! 
- Stevie, no me mientas. Ya has visto la pulsera. 
- Tú misma dices que no es seguro que funcione del todo bien. Quizás se ha... equivocado. 
- Ya, seguro que es eso. 
- Ni lo dudes. 

Hermione, resentida, agarró su cerveza de mantequilla mirando desconfiadamente a Stevie y se fué a sentarse a la mesa con Ron y Harry. Stevie la siguió con la mirada y luego se volvió hacia la camarera. 

-  Perdone... ¿Y mi cerveza de mantequilla? 
- Ah, sí. Lo siento, tardará un poco más en hacerse. Pero casi está lista. 
- ¿Porqué tardará más la mía en...? 

Pero no acabó su frase. La mujer entró de nuevo en la trastienda. 

-  Perfecto... - Gruñó para sí misma Stevie. 
-  ¿Problemas? - Preguntó Fred. Se giró y vio a los dos gemelos pelirrojos. 
- Creo que están fabricando la jarra para mi cerveza de mantequilla. - Contestó ella resignada. Los gemelos rieron. En ese momento salió la camarera de la trastienda, y llevaba la cerveza de mantequilla en la mano. 
- Oh, ¡Gracias! - Stevie dio seis knuts a la camarera, ya que esta le rebajó el precio para disculpar la espera. Ese día tenían mucho trabajo. 

Los gemelos y ella se sentaron en los taburetes que habían al lado de la barra y Stevie se bebió por fin su cerveza de mantequilla. 

-  ¡Mierda, George! - Gritó Fred, sobresaltando a los otros dos. 
- ¡¿Qué pasa, qué pasa?! - Preguntó Fred. 
- ¡Nos hemos dejado la bolsa de Sortilegios en la habitación de mamá! 
- ¿Qué? ¡En todo caso te los has dejado tú! 
- ¡¿Y que hacemos?! 
- Pues pedirle que nos lo traiga, no te digo. ¡Ve a buscarlos! 

Fred corrió rápidamente y en tres segundos ya había desaparecido escaleras arriba. En el Caldero Chorreante, el piso de arriba era un hostal. Stevie reía ante la escena. George la miró. 

-  ¿Te hace gracia? 
- Pues sí, mucha. - Stevie sonreía. Volvió a beber, y, sin darse, se le quedó un fino bigote de blanca espuma encima del labio. George se dió cuenta y se rió. Hasta así estaba guapa. Sus ojos verdes brillaban mucho y su pelo le caía un poco por delante de la cara. Stevie se le quedó mirando. 
- ¿De qué te ríes? 
- Tienes espuma en el labio. - George rió aún más con el intento fallido de limpiárselo de Stevie. 
- ¿Ya? 
- Espera, espera. No lo tienes ahí... Déjame. - George se levantó y se acercó a Stevie. Cogió una servilleta y, juntándose a ella, la limpió con cuidado. Ella, sin querer, se le quedó mirándole a los ojos. A esos ojos azules tan bonitos. Él, hizo lo mismo, y se quedaron unos segundos así. George la limpiaba lentamente, mirándola a los ojos, hasta que Stevie reaccionó, y apartó la mirada. 
- Esto... ¿Ya? - George acabó de limpiarla y, colorado, se apartó y se volvió a sentar. 
- Sí, sí. Ya está. 

Fred llegó entonces corriendo, con una bolsa en la mano. Estaba exhausto e intentaba respirar. Se apolló en sus rodillas, y cuando recuperó un poco el aliento, dijo con satisfacción: 

-  ¡Lo tengo! - Stevie y George lo miraron, sin expresión en la mirada. - ¿Me he perdido algo? 


--


Al día siguiente se dirigieron hacia la estación de King's Cross. Atravesar el andén 9 ¾ era algo ya normal para ella. Solo tenían que tener cuidado de que ningún muggle les viera atravesar el muro como si nada. Muy normal no les parecería. 

Cuando todos cruzaron al otro lado, y se encontraron con el Expreso de Hogwarts, el tren que les llevaría a la escuela, casi no tuvieron tiempo de despedirse de Molly y Arthur, pues llegaban un poco tarde y el tren se puso en marcha segundos después de que todos cruzaran el andén. Cuando George, Fred y Stevie llegaron a un compartimento en el que se encontraba Lee Jordan, que les había estado guardando el sitio. 

-  ¡Stevie! - Dijo sonriente Lee. 
- Hola, Lee. - Contesto Stevie, con otra sonrisa. 
- Fred, ahora no existimos. - Bromeó George, al ver que Lee no les saludaba a ellos. 
- Perdonad, gemelos. Hola a vosotros también. - Dijo Lee entre sus risas y las de Stevie. Por la ventana Stevie pudo contemplar como la madre de Ron intentaba llegar a la ventana de su hijo para darle a Scrabbers, la cual Ron se había dejado escondida en el bolso de su madre. 

La próxima media hora de viaje no fue nada especial. Se pusieron hasta arriba de ranas de chocolate, y a Stevie no le sentaron demasiado bien. Se apretó la tripa con las manos y dejó el resto de rana de chocolate que le quedaba en la mesilla. 

-  ¿Qué te pasa? - Preguntó Fred, que estaba sentado delante suyo, y por tanto fue el primero en darse cuenta de que hacía mala cara. 
- Creo que he comido demasiadas ranas. 
- ¿Tú crees? Si solo te has comido nueve. - Bromeó George. Stevie soltó una sonrisa apagada, seguida de un grito ahogado que la obligó a apretarse más fuerte la barriga. 
- ¿Tienes ganas de vomitar? - Preguntó Fred. 
- No. - Dejó ir una arcada, y los tres chicos se apartaron por si acaso, pero no vomitó. Resentida, miró a Fred que la miraba con cara de 'ya, seguro'. - Vale, sí.

Por si no se encontrara ya suficientemente mal, el tren empezó a temblar. Estaba, por lo que parecía, reduciendo la velocidad, hasta que se quedó inmóvil en medio del puente. 

-  ¿Porqué nos paramos? - Preguntó Lee. 
-  Parece que hay alguien ahí fuera... - Dijo Fred que se había pegado a la ventana para ver mejor. 
George miró a Stevie. Estaba sentada a su lado. Estaba pálida, temblando, y se apretaba el estómago. 
-  ¿Estás bien? - Le preguntó. 
Ella se giró hacia él y asintió. 
-  Chicos.., ¿notáis ese frío? - Preguntó Stevie, la cual cuando hablaba le salía bao de la boca. 
-  Sí... - Asintió George. 
En ese momento los cuatro se dieron cuenta de que las ventanas se estaban congelando y agrietando, y el agua de la botella que había encima de su mesa se había quedado completamente sólida en un instante. Oyeron a alguien que corría pasillo arriba hacia ellos. Parecía asustado, como si escapara de alguien. Por los gritos interpretaron que era un niño. Un niño que entró en el compartimento de Stevie, Lee y los gemelos. Ese niño era Draco Malfoy. Asustado, cerró la puerta detrás suyo y se escondió detrás de George. 
-  ¿Se puede saber que pasa, Malfoy? - Preguntó él intentado que el niño se soltara de su túnica. 
-  Vienen. Están aquí. - Su voz temblaba y parecía muerta de miedo. 
-  ¿Quién? - Preguntó Stevie, ayudando a George a desprenderse de el niño, consiguiéndolo. 
- Los... Los... 
- ¿Podrías acabar la frase antes de terminar el año? - Preguntó Fred impaciente. 
- Los... Dementores.  

















































dilluns, 11 de febrer del 2013

CAPÍTULO 5♥.


CAPÍTULO 5~ DISCULPAS ARREPENTIDAS: 
Se quedaron los tres callados. Ninguno sabía que decir. Para sorpresa de Stevie, Rocío la miraba a ella, y no a George. Aún así, no tenía intención de ser amable con ella después de lo que hizo. 

- ¿Qué haces tú aquí? - Preguntó con voz seca y cortante. 
- Quería hablar contigo. - Contestó. Su voz no sonaba como siempre. Parecía tímida, avergonzada... Sincera. 
- ¿Sobre qué? - Esta vez Stevie fue un poco más amable. 
- Rocío no contestó. Miró a George. Este pilló la indirecta y dijo: 
- Ah, sí, esto.. Yo ya me voy. 

Salió rápidamente de El Paraíso y las dejó solas. Tenía miedo de lo que podría pasar allí dentro.  

- Ahora. Dí, ¿qué pasa? 
- Yo... Quería disculparme. 
- ¿Cómo? 
- Sí, lo siento. 
- Exactamente... ¿Porqué lo sientes? 
- Por lo que os hice a ti y a George en tercer curso. Me porté mal y quería... 
- Espera, espera. - La interrumpió Stevie. - ¿Te vienes a disculpar ahora? ¡¿Ahora?! ¡Han pasado dos años! 
- Sí, lo sé. Pero me he sentido muy mal desde entonces. Sé que hice mal pero es que no estaba acostumbrada a que me dijeran que no. Realmente lo lamento, Stevie. Debes creerme. 
- ¿Debo creerte? 
- Bueno, deberías. Te estoy diciendo la verdad. 
- ¿Cómo puedo asegurarme de que me estás diciendo la verdad? 
- Puedo ir a George y pedirle disculpas a él también. Podríais volver a estar juntos. 
- Lo siento, Rocío, pero eso no pasará. Te perdono si quieres pero hiciste lo que hiciste. Le besastes y él se dejó. Creo que no tengo nada más que añadir. 
- No, no escucha, él no se dejó. ¡Yo le forzé! ¡Él no quería pero...! 
- Rocío creo que te tendrías que ir. No creo que Molly vaya a poner más platos en la mesa. 

Rocío se dió por vencida y salió de la habitación. Stevie hizo lo mismo minutos después. Por la ventana que había delante de la puerta de El Paraíso vió como Rocío se alejaba encima de la escoba. Entonces se giró y descubrió a George en las escaleras que habían al lado de El Paraíso. Había estado escuchando. 

- ¿Has estado escuchando? 
- ¿Qué? ¡No! Acabo de venir para avistarte de... de que vamos a comer ya. 
- Sí. Claro. 

Stevie pasó por su lado y bajó las escaleras. ¿Se cree qué es tonta? 


Al día siguiente tuvieron que ir al Caldero Chorreante y recoger allí a Harry, que había huido de casa de sus tíos después de hinchar a su tía como un globo. Al parecer, le había cabreado metiéndose con sus difuntos padres. 

Al llegar al Caldero Chorreante Stevie descubrió en las paredes algo que le heló la sangre... 

Por todo el local, y por todo el Callejón, habían colgado un cartel con la foto de un hombre con el pelo largo y sucio, una mirada petrificante y unos dientes amarillentos que salían a la vista cada vez que el hombre abría la boca para gritar. La foto, (en movimiento, obviamente) mostraba a el famoso Sirius Black. El asesino más buscado del mundo mágico. Y el que en la visión de Stevie, la mataba. Se quedó varios minutos petrificada delante de la foto, hasta que Molly se acercó a ella y le dijo: 

- Da miedo, ¿verdad? 
- Sí. Mucho. 
- Mira, toma. - Molly sacó de su abrigo un paquete de la medida de su mano. - Te lo hemos traído de egipto. Espero que te guste. 

Ese verano los Weasley se habían ido a Egipto a visitar a Bill, el hijo mayor de los Weasley que trabajaba allí con asuntos relacionados con Gringotts, el banco del mundo mágico. 

Stevie le dió las gracias y Molly se fué rápidamente, al ver que Scrabbers, la rata de Ron, había empezado a correr por todo el local. Stevie abrió el paquete y se encontró con un trozo de piedra brillante con lo que parecían ser jeroglíficos. 

- És tu nombre, escrito en jeroglíficos. - Le dijo Fred, que se había acercado a ella. 
- Sí, y también tu apellido. - George se añadió a la conversación. - Bueno, en teoría. 
- Sí, el hombre que nos lo vendió no parecía muy seguro. En todas las placas que vendía habían grabados los mismos jeroglíficos. A saber que pone en realidad. - Añadió George. 
- Me encanta igual, gracias. 
- De nada. 
- ¡Stevie! - Una voz sonó detrás suyo. Stevie se giró y sonrió, sobresaltada. 
- ¡Harry! - Los dos se abrazaron muy fuerte y después repitió lo mismo con Hermione. 
- ¡Cuánto tiempo! - Dijo ella. 
- Pues sí. Oye, muchas gracias por vuestros regalos, me gustaron mucho. 
-  Me alegro. - Dijeron al unísono Hermione Y Harry. 
- Harry, no te van a expulsar, ¿verdad? 
-  No, al final no. No sé porque. Se ve que inflar a tu tía no es algo tan malo... 
-  Ah, pues mejor. 
- Sí. 

Ron apareció de un salto con un trozo de periódico en la mano. Era un artículo de El Profeta, el diario de los magos. 

-  ¡Mirad! 
- ¿Qué es? 
-   Es la foto en la que salimos en El Profeta. 

Ron le dio la vuelta al papel para que Hermione, Stevie y Harry vieran la fotografía en sepia que había imprimida en el. Salían todos los Weasley. Los gemelos, Molly, Bill, Arthur, Percy, Ron... Hasta Scrabbers. Parecían muy felices y saludaban con la mano a la cámara. 

-  ¿Os lo pasasteis bien, entonces? - Preguntó Stevie mirando la foto, intentando no reírse por las pintas que llevaban todos vestidos de egipcios. Hermione y Harry hacían el mismo esfuerzo. 
-  ¿Bien? ¡Más que bien! Hasta Scrabbers estaba muy feliz, ¿verdad? 

La rata salió alegre del bolsillo de Ron. Ron automáticamente la volvió a guardar porque el gato de Hermione, Crookshanks, se moría por comerse a Scrabbers, y en cuanto salió del bolsillo, le echó el ojo. 

-  ¿Porqué traes a ese gato? - Preguntó Ron mirando desafiadamente a Hermione. 
-  ¿Porqué traes a esa rata? - Contestó con otra pregunta Hermione. Ron se calló. 

Stevie vió en un rincón algo que le sacó una sonrisa; los gemelos intentaban sacar sus sortilegios de bromas, intentando que su madre no les viera. Se ponían de espaldas a todos, para tapar con sus cuerpos la bolsa en la que llevaban... de todo y más. Stevie se acercó lentamente para gastarles una broma. Una vez llegó a ellos, gritó: 

-  ¡FRED Y GEORGE WEASLEY!, ¿QUE SE SUPONE QUE ESTAIS HACIENDO? 

- ¡Mama, no estamos haciendo nad...! - Los gemelos se giraron sobresaltados y se escondieron la bolsa detrás de la espalda. Fred no pudo acabar la frase porque se dio cuenta de que no era su madre... George tenía una mano en el pecho por el susto. Stevie se esforzaba para no caer al suelo de la risa. Se sentó en una silla, con las manos en la tripa, que empezaba a dolerle bastante. 

-  ¡Deberíais haber visto vuestra cara! ¡Ha, ha, ha, ha, ha! - Decía Stevie entre risas. Los gemelos aparentaban enfado, aunque la risa de Stevie era contagiosa, y al imaginarse a si mismos y a su reacción, no pudieron evitar acabar riéndose tambien. Stevie se calmó un poco y, aún con una sonrisa y lágrimas en los ojos de tanto reír, dijo: 

- Os he visto en el periódico. ¡Qué guapos! - Volvió a reír aunque con menos intensidad. 
- Oh, dios. ¿Te lo ha enseñado Ron? - Preguntó George, sentándose en otra silla. Fred lo imitó. 
- Sí. Creo que solo le falta colgarlo por el bar. - Dijo Stevie. 
- ¡Eh, Ron! - Gritó Fred levantando la cabeza un poco para verle mejor. 
- ¿Qué? - Preguntó Ron, que estaba hablando con Hermione y Harry, enseñándoles el periódico de nuevo y explicándoles todo el viaje. Fred, George y Stevie se levantaron y fueron con ellos. 
- ¿A cuanta gente le has enseñado este trozo de papel? - Exclamó Fred arrebatándoselo. 
- A casi nadie... - Ron no engañó a nadie. 
- No, que va. A Stevie, a Harry, a Hermione... - Empezó Fred. 
- Al cocinero, a la camarera... - Continuó George. 
- A todos. - Resumió Stevie. 

Todos rieron, incluso Ron. George y Stevie se miraron. De golpe. Cómo si se hubieran cordinado. Se quedaron en silencio entre los dos. ¿Porqué? ¿Porqué de golpe se habían mirado... así? Hermione paró de reír, y rompió el silencio entre Stevie y George. Convencida de que nadie sabía de que hablaba, dijo:
- Stevie... 
- Eh, ¿qué? - Preguntó, volviendo en sí y mirando a Hermione. George igual. 

dijous, 7 de febrer del 2013

CAPÍTULO 4♥.


CAPÍTULO 4~ LA SEGUNDA PREDICCIÓN: 
- ¿Stevie? ¿Stevie...? - La voz de George le rebotaba en la cabeza. Abrió los ojos poco a poco. 
- ¿G-George? 
George suspiró aliviado. 
- Uf, menos mal que estás bien. 
- ¿Qué ha pasado? 
- Dimelo tú. Has... 
- Has, ¿qué? 
- Has... ¿Tenido una visión? 
Stevie se lo pensó. ¿Qué le diría? ¿Que habían soñado que la mataban? No. No podía hacerlo. No podía preocuparle así. Ni a él ni a nadie. 
- No. - George se quedó boqueabierto. 
- ¿Ah, no? 
- No. No, no. Solo... Solo me he mareado un poco. Este sitio és muy pequeño y hace mucha calor. 
- Pero... 
- Eh, ¿Y el libro? ¿Qué era? - Stevie quería cambiar de tema. 
- Ah, sí. No lo sé. Aún no lo he abierto. Llevo todo el rato intentando que despertaras. 
- Pues ya lo he echo, así que... Vamos a abrirlo. - Stevie se levantó del suelo con una sonrisa, para disimular el dolor de cabeza que tenía. 
Se acercaron al libro que seguía inmóbil en el suelo. Stevie fué la que lo cogió. Lo abrió y... 
- Está en blanco. - Dijo, pasando las hojas. 
- ¿Cómo? 
- Que sí. Mira. 
Stevie le mostró a George las cientos de hojas amarillentas, viejas, desgastadas... Pero sin nada escrito. 
- No entiendo nada. ¿Qué clase de libro és este? - Preguntó George.
- Uno muy raro. ¿Qué pone en la portada?
La miraron y tampoco había nada escrito. Una nota cayó del libro.
- Léela en voz alta. - Dijo Stevie mientras George la recogía.
Sí eres quien lo deve leer, junto con la mano que te trajo el amor por primera vez el lomo deves rozar. Sí eres quien lo deve leer, las letras aparecerán. Sí no eres quien lo deve leer, una chispa a tu mano saltará. Buena suerte, curioso lector. - Se miraron mútuamente, George no entendía nada. - ¿Cómo?
- Sí alguien lo quiere leer, deve acariciar el lomo del libro con la mano de su primer amor.
- Y... ¿Quién fué tu primer amor?
- Eh... Pues... Esto... Tú. - George la miró a los ojos. - Eh, ¿Y el tuyo?
- Eh... Tú.
- Entonces...
Stevie no sigió hablando. George le cogió la mano y, antes de que los ojos verdes de Stevie convirtieran esa situación en una aún más incómoda, George apartó la mirada y se dirigió hacia el libro que Stevie aún sostenía en la otra mano, y pasó sus dedos entrelazados por su lomo. No ocurrió nada. Esta vez guió las manos Stevie. Tampoco pasó nada.
- Que raro...
- Pues sí.
- ¿Lo intentamos otra vez?
Stevie asintió. Lentamente, volvieron a pasar las manos (que habían apretado con más fuerza) por el lomo del libro... Este empezó o temblar un poco, y de repente, como si un pincel estubiera pintando sobre la portada, unas letras doradas aparecieron...
- Libro de las Predicciones. - Leyó Stevie. George la miró.
- ¿A qué esperas? Ábrelo.
Stevie dudó. Ante la insistente mirada de George, poco a poco abrió el libro. Seguía en blanco, pero poco a poco fueron saliendo letras. Stevie se dió cuenta entonces de que George se havía pegado mucho a ella. <<Para ver mejor... Supongo.>> Pensó.
Manchas negras se iban dibujando en las hojas del libro, juntándose unas con otras, mezclándose, formando letras. Poco a poco fueron cogiendo sentido.
- Vamos, lee. - Le animó George.
- La mano que estrechas con la anilla roja de tu muñeca te lleva a la felicidad infinita, sin la desconfianza eterna. El amor que se entrelaza en unos dedos sinceros se miran a los ojos antes del sonido de un cristal quebrado.
- ¿Qué narizes significa eso?
- Está claro, ¿no?
George miró a Stevie sin entender nada. Ella puso los ojos en blanco, y explicó.
- A ver. - Señaló con el dedo la frase escrita en el libro, que acababa de leer. Solo había aparecido esa. Stevie miró la frase seria. Luego dejó ir una risa, que creó una sonrisa en George. - En realidad, no tengo ni idea.
George rió con ella unos instantes. Luego sujetó el libro mientras ella sacaba un trozo de pergamino arrugado de su bolsillo. Miró a un lado y a otro, y luego se volvió hacia George:
- ¿Pluma y tintero?
Buscaron por la habitación hasta que encontraron una pluma vieja y un tintero medio seco. Con dificultad, Stevie anotó la frase en el pergamino y la tinta del libro desapareció de nuevo. Le dió el papel doblado a George:
- Guárdalo tú. Yo seguro que lo pierdo.
Por un momento, Stevie se olvidó de la horrible visión que había tenido. ¿Se lo debía contar a George? No, mejor no. Se preocuparía, y desde siempre se ha dicho que la predicción era una magia inexacta. Mejor no decir nada. 
A Stevie se le volvió a ir de la mente cuando la puerta de El Paraíso se abrió. Stevie tiró el libro dentro de la caja y le dió una patada enviándolo al final del cuartito. George se metió la nota en el bolsillo, arrugándola bastante. Pensaron que Fred había sido quien había abierto la puerta. Sin embargo, no era Fred. Ni Molly, ni Arthur, ni Ginny. La persona que abrió la puerta fué una persona que hacía mucho que no veía. Una persona que dejó mucha huella en la vida de los dos. Stevie parpadeó un par de veces y llena de incredulidad dijo:
- ¿Rocío?















































dissabte, 2 de febrer del 2013

CAPÍTULO 3♥.


CAPÍTULO 3~ LA NUEVA VISIÓN: 
Oyeron un ruido. Se asustaron. 
- ¿Qué... Qué ha sido eso? - Preguntó Stevie. 
- Viene del Paraíso.
Stevie le miró extrañada. Arqueó las cejas. 
- Del... ¿Qué? - George sonrió. 
- El Paraíso. És un cuarto donde Fred y yo nos escondemos cuando mamá no nos deja probar las bromas. Hay de todo. És como un antiguo desván del que nos hemos apropiado. Como és allí a donde vamos, és nuestro 'Paraíso'. Con ese nombre se ha quedado.
Stevie abrió un poco la boca. 
- ¿Y qué tenéis allí que haya echo ese ruido? - Volvió a sonar. Precía que algo metido en una caja o pote intentara salir. George sonrió. 
- Vamos a aberiguarlo. 
Poco a poco se acercaron a la puerta del Paraíso, y cuando llegaron, la abrieron poco a poco. Stevie permanecía escondida detrás de George, agarrándose a él como si de la habitación fuera a salir un dragón. Su sorpresa fué encontrarse con una caja que se movía fuertemente en el suelo; algo de dentro intentaba salir. George se giró hacia Stevie. Sus aras estaban muy cerca, pero la emoción y la angústia les impedían disfrutarlo. 
- ¿La abrimos?
Stevie sonrió. 
- Pues claro. 
Con un poco más de seguridad entraron en la habitación. Era pequeña, con las paredes llenas de esta terías. Todas rebosaban artículos de Sortilegios Weasley. En algun rincón habían objetos, que por supuesto pertenecían a Ginny, Molly o Ron. Habían muñecas y algún que otro juguete con la palabra "Scrabbers" escrita. Scrabbers era la vieja rata de Ron. Stevie volvió la mirada a la caja. Se movía aún con más fuerza. Con cuidado, George la abrió. Disparado salió un libro grande. Era negro, muy viejo. No tenía portada ni tampoco parecía tener nada escrito. De golpe, el libro se quedó paralizado, inmóvil, y tendido en el suelo.  Pero no fué el único. Stevie se empezó a marear. Todo le daba vueltas. Parecía que el suelo estubiera cayendo y las paredes girando. Se sentía... Como ese día de hace dos años, en el Gran Comedor, durante la ceremonia de graduación. Cuando vió una imagen del futuro. Desde ese día no volvió a tener ninguna visión. Pero le estaba volviendo a pasar. Geroge no se dió cuenta seguía observando el libro. El ruido de Stevie cayendo al suelo le obligó a girar. 
- ¡Stevie! 
Se agachó encima de ella y entonces él también se acordó de aquel día de hace dos años. 
- No pasa nada. - Se repetía a sí mismo, acariciándole la frente a Stevie, que yacía inmóvil sobre el suelo. Su pecho que subía y bajaba indicaba que seguía viva. - Solo se ha desmayado. Despertará, como la otra vez. Solo está... - Entonces se dió cuenta. - Está... ¿Teniendo una visión? 

--

Todo se volvió oscuro. Poco a poco abrió los ojos. Pero esta vez estaba todo borroso. Poco a poco, las manchas de colores se fueron volviendo nítidas y todo se volvió más claro. Estaba en la Sala Común de Gryffindor. El ambiente era muy triste. Todos estaban desconsolados y muchos lloraban. Entre ellos, George, Hermione, Marta y Harry. Ron, Fred y Lee parecían estar esforzándose por no hacerlo. Stevie se acercó a ellos. Quería oír bien lo que decían. 
- Esque no lo entiendo. - Decía Harry con lágrimas por toda la cara. - ¿Porqué a ella? ¡Sí és a mi a quien quiere! 
- No te castiges, Harry. - Le consolaba Hermione sollozando. - Es un criminal. Mata por matar, y cualquiera que se le ponga en el camino. 
- Pues no es justo. - Intervino Ron. Parecía muy enfadado. - Ella no le hizo nada. 
- Estar allí. - Contestó Fred. - Era suficiente. Solo estar allí... 
- La va a matar, ¿verdad? - George parecía el más afectado. Su frase sobresaltó al resto. No sabían que contestar. 
- No la hará. - Dijo Harry con decisión. - No le dejaré. 
- Pero Harry... - Susurraba Hermione. - Hace más de 48 horas que la tiene... 
- Ya lo sé. 
- Y ni los dementores han podido atraparle... 
- También lo sé. Pero él me quiere a mí. Viene a por mí. Pues yo haré lo mismo. Iré a por él. Y no escapará de mí porque me quiere encontrar. 
George se levantó y se fué. Estaba llorando mucho, y no quería que le vieran así. Harry hizo lo mismo. Stevie siguió a Harry. Este salió por el agujero de la pared, detrás del cuadro de La Señora Gorda, que era la entrada secreta. Fuera, unos hombres se apartaron para dejar paso a Harry (Y sin saberlo, también a Stevie.) 
- ¿Cómo va el cuadro? - Preguntó Harry. 
- Ahora vamos a empezar a limpiarlo. No será fácil. La sangre no se va fácilmente. 
¿La sangre? ¿Cómo? Estaban hablando de el cuadro de La Señora Gorda, claramente... Stevie lo tenía detrás. Se giró para verlo, y se quedó helada. Incluso se mareó. Harry se fué con paso enfadado, incapaz de observar más esa imagen. Pero Stevie se quedó quieta. No se podía mover. La señora gorda no estaba en el cuadro. Estaba en el de al lado, parecía asustada... En el suyo, habían escrito con letras rojas (que Stevie comprendió que era la sangre de la que hablaban) un mensaje que le aclaró a Stevie todas sus dudas sobre lo que estaba pasando. Un mensaje que hacía temblar a aquel que lo leyera. Y ese mensaje decía: 

Me la he llevado. No la volveréis a ver. 
Ya és tarde para todos. Ya és tarde para ella. 
Yo, Sirius Black, no hos la devolverá. 

Sin embargo, la última frase fué la que más mareó a Stevie... 

Voy a matar a vuestra querida
Stevie Reindler.