divendres, 26 d’abril del 2013

CAPÍTULO 14♥.


CAPÍTULO 14~ LA NOTA:
Los ojos de los alumnos recorrieron el comedor para llegar hasta Dumbledore. Estaba atónito, aunque mantenía su compostura, y su rostro seguía firme y pasivo.
- ¿Qué ocurre, profesora MacGonnagall? - preguntó, permaneciendo inmóvil.
- No sé si es demasiado idóneo decirlo delante de los alumnos, director...
- Los alumnos son también sus compañeros, merecen saberlo todo sobre este suceso, aunque pueda ser duro y cruel.
- Esta bien... - La profesora cruzó el comedor y se situó al lado de Dumbledore. Giró sobre si misma y se dirigió hacia los alumnos. - Como ya sabréis, la escuela está completa y absolutamente rodeada de dementores, igual que Hogsmade. Eso significa que a pesar de eso, Sirius Black a logrado cruzar el pueblo, entrar en Hogwarts, dejar el mensaje y llevarse a la señorita Reindler.
- ¿A donde quieres llegar? - Preguntó Snape. Estaba sentado en la mesa de profesores, aunque parecía preocupado, no lo parecía tanto cómo el resto del personal de la escuela. MacGonnagall suspiró, cómo si no quisiera seguir explicándolo.
- Quiero decir que... Que es muy improbable, no imposible, pero sí improbable... Que consigamos encontrar a la señorita Reindler. Y es muy probable...
- Que en estos momentos.., ya esté muerta.
El comedor se quedó en silencio. Las últimas palabras de Dumbledore les congelaron a todos. Hermione y Marta lloraban con fuerza, mientra los gemelos, Lee, Harry y Ron tenían una expresión de alto odio en el rostro. George no lloraba, no le salían las lágrimas. Aún así, sin poder remediarlo, una gota le cayó por la mejilla.
Al darse cuenta, buscó un pañuelo en su bolsillo para detener el llanto, y que no se volviera más intenso. Sin embargo, no fué eso lo que sacó del bolsillo: un arrugado pergamino cayó para posarse en el suelo. George entonces recordó.
- ¡Escuchad! - Gritó, recogiendo el papel y poniéndose de pie. - ¡Tengo que contar algo!
Relató la historia del bosque delante de todos los alumnos y profesores, igual que había hecho con sus amigos, sólo que esta vez, no se olvidó la parte de la carta.
Dumbledore la cogió con cuidado, y sin decir nada, se la entregó a Harry. George tenía razón; Sirius Black quería a Harry, y se había llevado a Stevie para lograr cazarlo. Harry leyó la nota. Fred, Lee, Ron y Hermione lo hicieron detrás suyo. Todos la entendieron. Harry se levantó furioso y se fué. MacGonagall dió la orden de que todos hicieran lo mismo, lo que causó varias quejas porque muchos querían ver que ponía en la nota. George estaba cansado, así que decidió subir a la habitación.

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Estaba todo muy oscuro. Se acababa de levantar. El suelo era de dura madera oscura, que crujía aún sin moverse. Con un dolor de cabeza casi inhumano, se intentó incorporar, pero sólo consiguió caerse sobre su brazo izquierdo. Observó a su alrededor. Una ligera luz que entraba por una rota y vieja ventana iluminaba un poco el interior delo que parecía una casa abandonada. Las paredes estaban mugrientas y por el suelo se deslizaban hormigas, mientras en los rincones se diferenciaban varias cucarachas, algunas muertas. Su pelo estaba muy despeinado, y su ropa tenía rasguños mezclados con una suciedad propia de la ropa delos vagabundos. La repugnancia que sentía en esos momentos se esfumó cuando oyó unos pasos subir por las escaleras, que localizó al final de la habitación, de espaldas a ella. Los pasos parecían torpes; no eran continuos y eran muy bulliciosos. A su miedo se le sumó uno mayor cuando divisó una figura cerca de las escaleras, en el suelo. Algo que parecía... Un cadáver.

dimecres, 10 d’abril del 2013

CAPÍTULO 13♥.


CAPÍTULO 13~ EL DÍA MÁS TRISTE: 
Sé fué corriendo hacia donde había oído el grito.., pero no había nada. 
Buscó entre los matorrales, pero estaba desierto. Miró por los alrededores, pero tampoco vió nada. Cada vez más nervioso y aterrorizado, se fijó en que en la tierra había un trozo de pergamino viejo y arrugado. Sin saber muy bien porque, lo cogió y lo abrió; se le heló la sangre de nuevo. En letra irreguar, cómo si hubieran escrito con solo una gota de tinta, ponía:

La tengo a ella. No es la que más deseaba, 
pero es a la que he elegido cojer. Porque
sé que para él es importante.
No necesito decir nada más. Quién debe
entender esta nota, la entenderá.
Si no hace lo que sabe que tiene que hacer..,
la chica morirá.

George sé quedó unos instantes mirando el papel. ¿Él? ¿A quién se refería con lo de 'él'? Luego, después de atar unos cuantos cabos, se dió cuenta, y con una voz casi inaudible, dijo:
- Sirius... Sirius Black...
Salió corriendo del bosque en dirección al castillo. Le daba igual si le veían, le daba igual si le castigaban, sólo quería ir a hablar con 'él'. Y ese 'él', si sus sospechas eran ciertas, era... Harry.

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Harry se había despertado bastante tarde. A las 11:30 todavía estaba tumbado, profundamente dormido en la cama. Ron le despertó. Parecía horrorizado, chillaba sin parar cosas que Harry no podía a entender. Sólo entendía palabras sueltas cómo 'puerta', 'ella', 'horrible' y... 'Sangre'.
- Ron, espera, no te entiendo.., ¿qué pasa? - Harry se dió cuenta de que varias lágrimas caían por sus mejillas.
Cuando Ron abrió de nuevo la boca para hablar, entró en la habitación Hermione. Harry estaba empezando a preocuparse, así que no le dijo que no podía entrar en la habitación de los chicos. Estaba pálida. A diferencia de Ron, ella no se preocupaba en intentar disimular las docenas de lágrimas que bajaban por sus mejillas. Le temblaban las manos. A pesar de eso, estaba muy quieta. Casi inmóvil.
- Hermione... ¿Qué pasa?
- V-v-ven... - Dijo ella, y, con Ron detrás, bajó las escaleras. Harry se temía lo peor. Se puso las zapatillas rápidamente y siguió a sus amigos escaleras abajo.
La Sala Común estaba abarrotada de gente. La mayoría llorando, con cara de preocupación, o simplemente, muy tristes. Hermione y Ron se dirigieron hacia el agujero de la pared, la salida de la Torre. Con algo de dificultad (a causa de la gente que había), consiguieron cruzarlo. Ron y Hermione se giraron, para observar el cuatro de la Señora Gorda (la mujer que vigilaba la entrada a la Torre), y Harry hizo lo mismo. Pero cuando se giró, no vió a ninguna mujer.
Simplemente había el antiguo lienzo donde vivía la Señora Gorda, rasgado, vacío..., escrito encima, con un líquido rojo, el cual Harry supo que era sangre, ponía:

Me la he llevado. No la volveréis a ver.
Ya es tarde para todos. Ya es tarde para ella.
Yo, Sirius Black, no hos la devolverá.
Voy a matar a vuestra querida
Stevie Reindler.

Harry se mareó. Ron había cambiado su expresión por una de auténtica fúria, aunque varias lágrimas seguían rodando cara abajo. A Hermione le costaba respirar de tanto que sollozaba. No podía ser.., ¿ella? ¡Pero si era a él a quién quería! ¡Y la iba a...! La iba a... ¿La iba a matar? ¿Enserio? ¿No la volvería a ver? Harry se dió cuenta entonces de la verdadera gravedad de la situación. Fred salió para ir con ellos junto a Lee. Los dos estaban también llorando.
- Oye... ¿Habéis visto a George? - Preguntó Fred. Los demás negaron sin fuerzas con la cabeza, con la mirada fija en el suelo.
En ese momento llegó corriendo el otro gemelo pelirrojo, con la carta guardada en el bolsillo. Cuando fué a abrir la boca para contarles lo que había pasado, se quedó de piedra al ver el cuadro. Sin las mismas fuerzas que cómo había llegado, y con la mirada fija en el cuadro, dijo:
- Estaba con ella... Me pidió que fuera con ella y no lo hice... La ha cogido por mi culpa... La matará por mi culpa... Si hubiera ido... si hubiera ido estaría viva... Estaría viva...
- Está viva, George. - Afirmó Harry. Todos se habían quedado mirando a George, sin entender que quería decir. - Ahora vamos a ir al Gran Comedor, y nos vas a contar que ha pasado.

Ninguno comió nada. No tenían apetito, y además, estaban demasiado ocupados escuchando el relato de George. Cuando acabó, nadie sabía que decir. A George le había costado horrores no llorar al contarlo. Sin embargo, se olvidó de decirles lo de la nota, que seguía olvidada en su bolsillo.
- No ha sido culpa tuya, Georggie. - Dijo Fred con una forzada sonrisa, poniéndole la mano en el hombro.
- Tiene razón. - Dijo Ron. - Ese imbécil se la habría llevado igualmente.
La profesora McGonagall irrumpió en el Gran Comedor. Abrió la puerta haciendo mucho ruido. Se sorprendió al ver que todos estaban en el comedor, pues pensaba que todos estarían usmeando por el castillo, o matándose entre ellos para ver el rasgado cuadro. Se paró en seco, intentando disimular su nerviosismo. Harry se dió cuenta entonces de que Dumbledore estaba muy angustiado. Es más, él, y juraría que nadie en el mundo, había visto nunca a Dumbledor preocupado o nervioso. No estaba sentado en la mesa de los profesores como de costumbre. Estaba de pie, delante de esta, yendo de un lado al otro de la tarima, caminando rápida e inquietosamente. Al darse cuenta de la brusca entrada de la profesora McGonagall, se paró en seco. A pesar de estar uno en cada punta del comedor, se miraron a los ojos.
- Alumnos, - dijo, dirigiéndose a las cuatro mesas. - supongo por vuestras caras que todos estaréis al tanto del desagradable suceso de la señorita Reindler. Pero les puedo asegurar, - su tono de voz se volvió severo, cortante, y decidido. - que aremos todo lo posible para lograr rescatarla. Aunque... - dirigió su mirada hacia Dumbledore, dando un paso adelante. Todos los ojos y oídos estaban puestos en ella. - Tenemos un problema, Dumbledore. Un gran y grabísimo problema...

dilluns, 8 d’abril del 2013

CAPÍTULO 12♥.


CAPÍTULO 12~ LA SILUETA DEL BOSQUE: 
Se pasaron la próxima hora acariciando y cuidando al unicornio. 
- Es extraño. - Dijo George mientras acariciaba la suave y blanca crin el unicornio. - Nunca se dejan tocar así. 
- Nos habrá tocado un unicornio inocente. - Contestó con una sonrisa mientras le tocaba el morro con ternura al animal. - La verdad es que es precioso. 
George observó a Stevie. Estaba preciosa a la luz de la luna, agachada delante del unicornio. 
- Sí... Preciosa... - A pesar de no haberlo dicho directamente, Stevie lo entendió, y George se dió cuenta de que lo había hecho. Stevie lo miró, y aguantaron la mirada unos segundos, hasta que George no aguantó más; estaba altamente incómodo en el silencio que se había formado, e intentó cambiar de tema. 
- Deberíamos volver al castillo; son las nueve y media, se están empezando a despertar. - George señaló las ventanas que se iban iluminando. 
Ambos se levantaron y se fueron alejando del unicornio, que reposaba estirado encima de la hierba, sin dejar de mirar atrás para seguir observándolo. Un ruido les hizo olvidarse de la criatura. Parecían pasos. Miraron a su alrededor y la sonrisa desapareció de sus rostros. 
- ¿Qué es eso? - Preguntó Stevie, que se había quedado pálida. 
- No tengo ni idea... - George miraba inquietamente a su alrededor. 
Volvieron a oír un ruido, y esta vez lo siguieron con la mirada. Venía de su derecha, y hacia allí se dirigió Stevie. 
- ¿Se puede saber a donde vas? - Preguntó George, que no se movió. 
- Voy a ver que es ese ruido... - Contestó ella, sin dejar de mirar hacia adelante, andando, cautelosamente. 
- ¡No puedes ir! 
- ¿Porqué no? 
- Te podría pasar algo, y te meterías en líos. 
Stevie entonces sí se giró, y con una sonrisa dijo:
- No sería la primera vez. - Le guiñó un ojo, cómo una hora atrás había echo él, y siguió andando. Antes de que Stevie deapareciera de su vista, dijo: 
- ¡Pues yo no voy, te espero aquí! 
Se quedó unos segundos de pié, mirando a su alrededor, y escuchando, algo asustado, los sonidos que provenían de todas partes del bosque. Pero de pronto, sus inquietudes se desvanecieron, para convertirse en una mayor: Un horrorizado y espeluznante grito invadió todo el bosque. No duró más de tres segundos, pero fué lo suficientemente escalofriante cómo para helar la sangre de George, el cual había reconocido esa voz, proveniente de la derecha: 
- ¡¿Stevie?! 

dilluns, 1 d’abril del 2013

CAPÍTULO 11♥.


CAPÍTULO 11~ UNA HERMOSA CRIATURA:
El sábado por la mañana Stevie se despertó muy pronto. Cuando bajó a la Sala Común, somnolienta y despeinada, se dió cuenta de que, al parecer, era la única despierta. Se sentó bostezando y con los ojos medio cerrados, intentando no tropezar con la ropa que había tirada por el suelo. Vió en la mesa una pila de libros que ella misma se había dejado allí ayer. Hermione se los había dejado la noche anterior para preparar el trabajo sobre unicornios que Hagrid les había encargado. Les resultaba a todos algo difícil de realizar ya que la mayoría no habían visto uno en su vida.
Puesto que parecía que las próximas dos o tres horas serían bastante aburridas (ya que todos estaban durmiendo), Stevie decidió empezar a leer algo sobre esas criaturas de plateada sangre. Alargó vagamente el brazo y cogió el primer ejemplar de la pila, titulado Cuidado de Criaturas Mágicas; Volúmen 1. Stevie miró el título del segundo, tercero y cuarto libro de la pila: todos eran de la misma colección. Los siguió con la mirada, contándolos; había unos catorze. Suspiró resignada y abrió el primer libro por una página al azar. Sopló para quitar la alta cantidad de polvo que había entre las paginas y comenzó a leer.

Al cabo de diez minutos sólo había leído dos páginas. ¿Qué más le daban a ella los unicornios? Había oído decir que eran unas criaturas magníficas y muy hermosas, pero tampoco tenía que ser para tanto, ¿no? Al fin y al cabo, solo eran caballos con un cuerno en la cabeza.
Cerró violentamente el libro, dándose por vencida. Miró el reloj: las siete y media. Se estiró en el sofá resoplando y mirando al techo. Se acordó de Brian. ¿Qué? ¿Porqué lo había echo? Le había caído bien ese chico. Se levantó algo confusa consigo misma y miró otra vez los libros; ni loca se volvía a poner a leerlos, ¡qué aburrimiento!
En ese momentó escuchó que alguien bajaba por la escalera de los chicos. Era George. Tenía cara de sueño y el pelirrojo pelo despeinado. Bajaba zambaleándose mientras hacía un intento fallido de arreglarse el pelo con la mano. Cuandó llegó abajo miró a Stevie y se quedó quieto. La mano con la que se estaba "peinando" bajó hasta el bolsillo de una oscura bata de dormir morada; Fred la tenía en azul. 
- ¡Hola! - Dijo Stevie con una sonrisa. 
- Hola. - Dijo él con menos entusiasmo, mientras caminaba hasta el sillón que había al lado del sofá. Se dejó caer sobre él ante la mirada atenta de Stevie. - ¿Qué haces despierta tan temprano?
- Ah, bueno, me he despertado y no he vuelto a cojer el sueño. ¿Y tú?
- Lo mismo. - George bostezó profundamente.
- Sí, se te ve muy despierto. - Comentó con una sonrisa irónica Stevie.
- No, la verdad es que he oído ruidos y he bajado a ver que pasaba.
- ¡Ah, que lástima! El ladrón se ha ido hace un minuto, junto al asesino. ¡Te los quería presentar!
- Parece que alguien ha desayunado ironía hoy, ¿eh? - Dijo George haciéndose el molesto, mientras Stevie se reía. - Hablando de asesinos.., ¿sabes lo último de Sirius Black? ¡Le han visto en Hogsmade! El Profeta lo publicó ayer. ¡Todos temen que esté viniendo a Hogwarts!
A Stevie se le borró la sonrisa de la cara. Se puso pálida y miró al suelo. No se dió cuenta de que había empezado a temblar.
- ¿Qué te pasa? - Preguntó preocupado George.
- Nada, nada. Sólo que... Tengo un poco de frío.
- Eh.., espera. Te traeré una manta. - Stevie sonrió y George subió escaleras arriba. Se apoyó con los codos en las rodillas y se llevó las manos a la cabeza, la cual dejó caer con todo su peso sobre ellas. George volvió al instante con una manta de color rojo sobre el hombro. Stevie levantó la cabeza fingiendo una sonrisa y cogió la manta que este le extendía.
- Gracias. - Dijo cubriéndose con ella.
- No hay de que. - Éste se sentó de nuevo en el sillón y fijó su mirada en la enorme pila de libros de la mesa. El trabajo de los unicornios... Él no había empezado aún. Tenía pensado copiárselo a Angelina, como muchas veces habían hecho él y Fred. De pronto, los ojos de George se iluminaron. - ¡Eh! ¡Tengo una idea! ¡Ven, corre!
- ¿Qué pasa? - Preguntó Stevie echándose para atrás cuando George pasó corriendo delante de ella. Pero éste no contestó. Stevie se levantó corriendo del sofá y logró alcanzarlo antes de que éste llegara a la puerta. Salieron de ella veloz,emte y cruzaron todo el pasillo. Pero Stevie agarró del brazo a George y lo estampó contra la pared detrás de una estátua de dragón que había en el corredor. Con el dedo le indicó que callara, pero éste no hizo caso y dijo:
- ¿Qué haces? ¡Tenemos qué...! - Stevie le tapó la boca con la mano. Con un hilo de voz dijo:
- Tsh, cállate, a menos que quieras que nos degollen. Viene Filch. - Ambos se asomaron por detrás de la estátua (George con algo más de dificultad, ya que estaba de espaldas a ésta). Unos pasos se oían acercarse por el corredor.
- Vamos, cielo mío. - La melosa voz de Filch resonaba por el pasillo. Era evidente que con quién hablaba era con la Señora Norris, su chivata gata, a la cual todo el mundo quería arrojarle una patada. - Estoy cansado; quiero llegar ya a la conserjería. Pronto éstos monstruos se despertarán y tendré que soportarles de nuevo; quiero descansar antes de tener que verles la cara.
- Se nota que nos tiene aprecio. - Susurró George. Filch y la Señora Norris cruzaron rápidamente el corredor, con ansias de llegar a la consergería. Tantas ansias eran esas, que a pesar que George y Stevie no estaban muy bien escondidos, no les vió.
- ¡Uf, por los pelos! - Dijo George saliendo de su escondite con un ligero salto y mirando sonriente a Stevie. Ésta, sin embargo, se quedó allí, mirándole, cómo si no pudiera creerse lo que acababa de decir George.
- ¿Disculpa? ¿Por los pelos? ¡George, no podemos ir a éstas horas a nuestra bola corriendo y saltando por los pasillos! ¡La gente duerme y los profesores vigilan! Nos podíamos meter en un lío.
- No sería la primera vez. - Dijo éste giñándole el ojo y siguiendo su camino hacia quien sabe donde. Stevie permaneció seria durante unos segundos, pero enseguida dejó escapar una sonrisa. Miró al suelo con expresión de 'no tiene remedio' y siguió andando tras él.
Mientras bajaban la larga escalera de mármol Stevie volvió a insistir y preguntó:
- ¿A donde vamos?
- ¡Ya verás! ¡Te va a encantar!
- Me encantaría más si me dijeras de que se trata.
- No puedo, ¡es una sorpresa!
Estaban los dos ya algo sofocados, pero por fín lograron salir del castillo. Para sorpresa de Stevie, George siguió andando... Hacia el bosque prohibido. Ella se paró.
- ¿Qué se supone que haces? - George la miró.
- Andar.
- No seas idiota. ¡No podemos ir por allí!
- ¿Porqué no?
- Porque está prohibido... Ya sabes.... Por eso se llama 'el bosque prohibido'.
- ¡Oh, vamos! ¡He entrado aquí mil veces con Fred! No pasa nada si no te adentras mucho.
- ¿Y no lo haremos?
- Si podemos evitarlo, no.
- No sé si conformarme con eso...
- ¡Vamos, por favor! ¡Te encantará!
Sin esperar respuesta, George se volvió de nuevo hacia el bosque y siguió caminando. Stevie se encogió de hombros y, algo vacilante aún, continuó andando.
Se adentraron bastante en el bosque y Stevie empezaba a no gustarle esa situación. Los sonidos desconocidos que de vez en cuando resonaban en sus tímpanos no ayudaban a mejorar la sensación de inseguridad. Oyó crujir una rama de arbol, y se paró.
- Oye, George; o me dices donde vamos o me vuelvo al castillo.
George estaba caminando lentamente, quizás porque estaban cerca de la cabaña de Hagrid y podia oírles. Él siguió sin girárse, pero, observando la oscuridad de la noche se llevó el dedo índice a los labios para indicarle que callara, y, seguidamente, se paró en seco.
- ¿Qué pasa? - Preguntó Stevie.
- ¡Tss! Mira... Es aquí.
George se volvió hacia Stevie y le alargó la mano con una sonrisa. Ésta dudó, pero, una vez llegado hasta ahí, ¿qué podía perder? Agarró la mano de George, el cual apartó los matojos que les cerraban el paso con su otra mano e impulsó ligeramente a Stevie al otro lado. Ésta se quedó maravillada. Delante de ella apareció al instante un hermoso animal blanco. Brillaba fuértemente en la penumbra del bosque, sentado sobre la hierba, moviéndo se cuerno de un lado al otro:
- Es... - Preguntó ella avanzando lentamente hacia la criatura, aún con una mirada maravillada en el rostro.
- Sí. - Asintió George, poniéndose a su lado, y mirando también al animal, con expresión de satisfacción y los brazos cruzados. - Es un unicornio.