CAPÍTULO 6~ EL DEMENTOR:
Nadie excepto Stevie y George estaba escuchando a Hermione.
- Hermione... ¿Qué pasa? - Preguntó Stevie.
- Tu pulsera... está roja.
Stevie soltó un grito ahogado y se miró la pulsera..: Era verdad. Se había vuelto roja.
- ¿Y qué? ¿Qué significa? - Preguntó George que no se enteraba de nada.
- Significa que tengo sed. Hermione, ¿me acompañas a pedir una cerveza de mantequilla?
- Pero...
- ¡Ahora!
Hermione aceptó a regañadientes y, ante la mirada incrédula de George, se fueron a la barra del bar.
- Dos cervezas de mantequilla, por favor. - Pidió Hermione a la camarera, qué con una sonrisa, se retiró a la trastienda.
- ¿Cómo se te ocurre decirlo en voz alta? - Preguntó Stevie enfadada.
- Nadie sabe a que me refería.
- Y si sí lo sabían?
- Por favor. Solo nos estaba escuchando George, y George... Es George.
- Ya pero...
- Vayamos a lo importante. ¿Todavía te gusta George?
- ¿Qué? ¡No!
- Stevie, no me mientas. Ya has visto la pulsera.
- Tú misma dices que no es seguro que funcione del todo bien. Quizás se ha... equivocado.
- Ya, seguro que es eso.
- Ni lo dudes.
Hermione, resentida, agarró su cerveza de mantequilla mirando desconfiadamente a Stevie y se fué a sentarse a la mesa con Ron y Harry. Stevie la siguió con la mirada y luego se volvió hacia la camarera.
- Perdone... ¿Y mi cerveza de mantequilla?
- Ah, sí. Lo siento, tardará un poco más en hacerse. Pero casi está lista.
- ¿Porqué tardará más la mía en...?
Pero no acabó su frase. La mujer entró de nuevo en la trastienda.
- Perfecto... - Gruñó para sí misma Stevie.
- ¿Problemas? - Preguntó Fred. Se giró y vio a los dos gemelos pelirrojos.
- Creo que están fabricando la jarra para mi cerveza de mantequilla. - Contestó ella resignada. Los gemelos rieron. En ese momento salió la camarera de la trastienda, y llevaba la cerveza de mantequilla en la mano.
- Oh, ¡Gracias! - Stevie dio seis knuts a la camarera, ya que esta le rebajó el precio para disculpar la espera. Ese día tenían mucho trabajo.
Los gemelos y ella se sentaron en los taburetes que habían al lado de la barra y Stevie se bebió por fin su cerveza de mantequilla.
- ¡Mierda, George! - Gritó Fred, sobresaltando a los otros dos.
- ¡¿Qué pasa, qué pasa?! - Preguntó Fred.
- ¡Nos hemos dejado la bolsa de Sortilegios en la habitación de mamá!
- ¿Qué? ¡En todo caso te los has dejado tú!
- ¡¿Y que hacemos?!
- Pues pedirle que nos lo traiga, no te digo. ¡Ve a buscarlos!
Fred corrió rápidamente y en tres segundos ya había desaparecido escaleras arriba. En el Caldero Chorreante, el piso de arriba era un hostal. Stevie reía ante la escena. George la miró.
- ¿Te hace gracia?
- Pues sí, mucha. - Stevie sonreía. Volvió a beber, y, sin darse, se le quedó un fino bigote de blanca espuma encima del labio. George se dió cuenta y se rió. Hasta así estaba guapa. Sus ojos verdes brillaban mucho y su pelo le caía un poco por delante de la cara. Stevie se le quedó mirando.
- ¿De qué te ríes?
- Tienes espuma en el labio. - George rió aún más con el intento fallido de limpiárselo de Stevie.
- ¿Ya?
- Espera, espera. No lo tienes ahí... Déjame. - George se levantó y se acercó a Stevie. Cogió una servilleta y, juntándose a ella, la limpió con cuidado. Ella, sin querer, se le quedó mirándole a los ojos. A esos ojos azules tan bonitos. Él, hizo lo mismo, y se quedaron unos segundos así. George la limpiaba lentamente, mirándola a los ojos, hasta que Stevie reaccionó, y apartó la mirada.
- Esto... ¿Ya? - George acabó de limpiarla y, colorado, se apartó y se volvió a sentar.
- Sí, sí. Ya está.
Fred llegó entonces corriendo, con una bolsa en la mano. Estaba exhausto e intentaba respirar. Se apolló en sus rodillas, y cuando recuperó un poco el aliento, dijo con satisfacción:
- ¡Lo tengo! - Stevie y George lo miraron, sin expresión en la mirada. - ¿Me he perdido algo?
--
Al día siguiente se dirigieron hacia la estación de King's Cross. Atravesar el andén 9 ¾ era algo ya normal para ella. Solo tenían que tener cuidado de que ningún muggle les viera atravesar el muro como si nada. Muy normal no les parecería.
Cuando todos cruzaron al otro lado, y se encontraron con el Expreso de Hogwarts, el tren que les llevaría a la escuela, casi no tuvieron tiempo de despedirse de Molly y Arthur, pues llegaban un poco tarde y el tren se puso en marcha segundos después de que todos cruzaran el andén. Cuando George, Fred y Stevie llegaron a un compartimento en el que se encontraba Lee Jordan, que les había estado guardando el sitio.
- ¡Stevie! - Dijo sonriente Lee.
- Hola, Lee. - Contesto Stevie, con otra sonrisa.
- Fred, ahora no existimos. - Bromeó George, al ver que Lee no les saludaba a ellos.
- Perdonad, gemelos. Hola a vosotros también. - Dijo Lee entre sus risas y las de Stevie. Por la ventana Stevie pudo contemplar como la madre de Ron intentaba llegar a la ventana de su hijo para darle a Scrabbers, la cual Ron se había dejado escondida en el bolso de su madre.
La próxima media hora de viaje no fue nada especial. Se pusieron hasta arriba de ranas de chocolate, y a Stevie no le sentaron demasiado bien. Se apretó la tripa con las manos y dejó el resto de rana de chocolate que le quedaba en la mesilla.
- ¿Qué te pasa? - Preguntó Fred, que estaba sentado delante suyo, y por tanto fue el primero en darse cuenta de que hacía mala cara.
- Creo que he comido demasiadas ranas.
- ¿Tú crees? Si solo te has comido nueve. - Bromeó George. Stevie soltó una sonrisa apagada, seguida de un grito ahogado que la obligó a apretarse más fuerte la barriga.
- ¿Tienes ganas de vomitar? - Preguntó Fred.
- No. - Dejó ir una arcada, y los tres chicos se apartaron por si acaso, pero no vomitó. Resentida, miró a Fred que la miraba con cara de 'ya, seguro'. - Vale, sí.
Por si no se encontrara ya suficientemente mal, el tren empezó a temblar. Estaba, por lo que parecía, reduciendo la velocidad, hasta que se quedó inmóvil en medio del puente.
- ¿Porqué nos paramos? - Preguntó Lee.
- Parece que hay alguien ahí fuera... - Dijo Fred que se había pegado a la ventana para ver mejor.
George miró a Stevie. Estaba sentada a su lado. Estaba pálida, temblando, y se apretaba el estómago.
- ¿Estás bien? - Le preguntó.
Ella se giró hacia él y asintió.
- Chicos.., ¿notáis ese frío? - Preguntó Stevie, la cual cuando hablaba le salía bao de la boca.
- Sí... - Asintió George.
En ese momento los cuatro se dieron cuenta de que las ventanas se estaban congelando y agrietando, y el agua de la botella que había encima de su mesa se había quedado completamente sólida en un instante. Oyeron a alguien que corría pasillo arriba hacia ellos. Parecía asustado, como si escapara de alguien. Por los gritos interpretaron que era un niño. Un niño que entró en el compartimento de Stevie, Lee y los gemelos. Ese niño era Draco Malfoy. Asustado, cerró la puerta detrás suyo y se escondió detrás de George.
- ¿Se puede saber que pasa, Malfoy? - Preguntó él intentado que el niño se soltara de su túnica.
- Vienen. Están aquí. - Su voz temblaba y parecía muerta de miedo.
- ¿Quién? - Preguntó Stevie, ayudando a George a desprenderse de el niño, consiguiéndolo.
- Los... Los...
- ¿Podrías acabar la frase antes de terminar el año? - Preguntó Fred impaciente.
- Los... Dementores.
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