dissabte, 2 de febrer del 2013

CAPÍTULO 3♥.


CAPÍTULO 3~ LA NUEVA VISIÓN: 
Oyeron un ruido. Se asustaron. 
- ¿Qué... Qué ha sido eso? - Preguntó Stevie. 
- Viene del Paraíso.
Stevie le miró extrañada. Arqueó las cejas. 
- Del... ¿Qué? - George sonrió. 
- El Paraíso. És un cuarto donde Fred y yo nos escondemos cuando mamá no nos deja probar las bromas. Hay de todo. És como un antiguo desván del que nos hemos apropiado. Como és allí a donde vamos, és nuestro 'Paraíso'. Con ese nombre se ha quedado.
Stevie abrió un poco la boca. 
- ¿Y qué tenéis allí que haya echo ese ruido? - Volvió a sonar. Precía que algo metido en una caja o pote intentara salir. George sonrió. 
- Vamos a aberiguarlo. 
Poco a poco se acercaron a la puerta del Paraíso, y cuando llegaron, la abrieron poco a poco. Stevie permanecía escondida detrás de George, agarrándose a él como si de la habitación fuera a salir un dragón. Su sorpresa fué encontrarse con una caja que se movía fuertemente en el suelo; algo de dentro intentaba salir. George se giró hacia Stevie. Sus aras estaban muy cerca, pero la emoción y la angústia les impedían disfrutarlo. 
- ¿La abrimos?
Stevie sonrió. 
- Pues claro. 
Con un poco más de seguridad entraron en la habitación. Era pequeña, con las paredes llenas de esta terías. Todas rebosaban artículos de Sortilegios Weasley. En algun rincón habían objetos, que por supuesto pertenecían a Ginny, Molly o Ron. Habían muñecas y algún que otro juguete con la palabra "Scrabbers" escrita. Scrabbers era la vieja rata de Ron. Stevie volvió la mirada a la caja. Se movía aún con más fuerza. Con cuidado, George la abrió. Disparado salió un libro grande. Era negro, muy viejo. No tenía portada ni tampoco parecía tener nada escrito. De golpe, el libro se quedó paralizado, inmóvil, y tendido en el suelo.  Pero no fué el único. Stevie se empezó a marear. Todo le daba vueltas. Parecía que el suelo estubiera cayendo y las paredes girando. Se sentía... Como ese día de hace dos años, en el Gran Comedor, durante la ceremonia de graduación. Cuando vió una imagen del futuro. Desde ese día no volvió a tener ninguna visión. Pero le estaba volviendo a pasar. Geroge no se dió cuenta seguía observando el libro. El ruido de Stevie cayendo al suelo le obligó a girar. 
- ¡Stevie! 
Se agachó encima de ella y entonces él también se acordó de aquel día de hace dos años. 
- No pasa nada. - Se repetía a sí mismo, acariciándole la frente a Stevie, que yacía inmóvil sobre el suelo. Su pecho que subía y bajaba indicaba que seguía viva. - Solo se ha desmayado. Despertará, como la otra vez. Solo está... - Entonces se dió cuenta. - Está... ¿Teniendo una visión? 

--

Todo se volvió oscuro. Poco a poco abrió los ojos. Pero esta vez estaba todo borroso. Poco a poco, las manchas de colores se fueron volviendo nítidas y todo se volvió más claro. Estaba en la Sala Común de Gryffindor. El ambiente era muy triste. Todos estaban desconsolados y muchos lloraban. Entre ellos, George, Hermione, Marta y Harry. Ron, Fred y Lee parecían estar esforzándose por no hacerlo. Stevie se acercó a ellos. Quería oír bien lo que decían. 
- Esque no lo entiendo. - Decía Harry con lágrimas por toda la cara. - ¿Porqué a ella? ¡Sí és a mi a quien quiere! 
- No te castiges, Harry. - Le consolaba Hermione sollozando. - Es un criminal. Mata por matar, y cualquiera que se le ponga en el camino. 
- Pues no es justo. - Intervino Ron. Parecía muy enfadado. - Ella no le hizo nada. 
- Estar allí. - Contestó Fred. - Era suficiente. Solo estar allí... 
- La va a matar, ¿verdad? - George parecía el más afectado. Su frase sobresaltó al resto. No sabían que contestar. 
- No la hará. - Dijo Harry con decisión. - No le dejaré. 
- Pero Harry... - Susurraba Hermione. - Hace más de 48 horas que la tiene... 
- Ya lo sé. 
- Y ni los dementores han podido atraparle... 
- También lo sé. Pero él me quiere a mí. Viene a por mí. Pues yo haré lo mismo. Iré a por él. Y no escapará de mí porque me quiere encontrar. 
George se levantó y se fué. Estaba llorando mucho, y no quería que le vieran así. Harry hizo lo mismo. Stevie siguió a Harry. Este salió por el agujero de la pared, detrás del cuadro de La Señora Gorda, que era la entrada secreta. Fuera, unos hombres se apartaron para dejar paso a Harry (Y sin saberlo, también a Stevie.) 
- ¿Cómo va el cuadro? - Preguntó Harry. 
- Ahora vamos a empezar a limpiarlo. No será fácil. La sangre no se va fácilmente. 
¿La sangre? ¿Cómo? Estaban hablando de el cuadro de La Señora Gorda, claramente... Stevie lo tenía detrás. Se giró para verlo, y se quedó helada. Incluso se mareó. Harry se fué con paso enfadado, incapaz de observar más esa imagen. Pero Stevie se quedó quieta. No se podía mover. La señora gorda no estaba en el cuadro. Estaba en el de al lado, parecía asustada... En el suyo, habían escrito con letras rojas (que Stevie comprendió que era la sangre de la que hablaban) un mensaje que le aclaró a Stevie todas sus dudas sobre lo que estaba pasando. Un mensaje que hacía temblar a aquel que lo leyera. Y ese mensaje decía: 

Me la he llevado. No la volveréis a ver. 
Ya és tarde para todos. Ya és tarde para ella. 
Yo, Sirius Black, no hos la devolverá. 

Sin embargo, la última frase fué la que más mareó a Stevie... 

Voy a matar a vuestra querida
Stevie Reindler. 














































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