CAPÍTULO 11~ UNA HERMOSA CRIATURA:
El sábado por la mañana Stevie se despertó muy pronto. Cuando bajó a la Sala Común, somnolienta y despeinada, se dió cuenta de que, al parecer, era la única despierta. Se sentó bostezando y con los ojos medio cerrados, intentando no tropezar con la ropa que había tirada por el suelo. Vió en la mesa una pila de libros que ella misma se había dejado allí ayer. Hermione se los había dejado la noche anterior para preparar el trabajo sobre unicornios que Hagrid les había encargado. Les resultaba a todos algo difícil de realizar ya que la mayoría no habían visto uno en su vida.
Puesto que parecía que las próximas dos o tres horas serían bastante aburridas (ya que todos estaban durmiendo), Stevie decidió empezar a leer algo sobre esas criaturas de plateada sangre. Alargó vagamente el brazo y cogió el primer ejemplar de la pila, titulado Cuidado de Criaturas Mágicas; Volúmen 1. Stevie miró el título del segundo, tercero y cuarto libro de la pila: todos eran de la misma colección. Los siguió con la mirada, contándolos; había unos catorze. Suspiró resignada y abrió el primer libro por una página al azar. Sopló para quitar la alta cantidad de polvo que había entre las paginas y comenzó a leer.
Al cabo de diez minutos sólo había leído dos páginas. ¿Qué más le daban a ella los unicornios? Había oído decir que eran unas criaturas magníficas y muy hermosas, pero tampoco tenía que ser para tanto, ¿no? Al fin y al cabo, solo eran caballos con un cuerno en la cabeza.
Cerró violentamente el libro, dándose por vencida. Miró el reloj: las siete y media. Se estiró en el sofá resoplando y mirando al techo. Se acordó de Brian. ¿Qué? ¿Porqué lo había echo? Le había caído bien ese chico. Se levantó algo confusa consigo misma y miró otra vez los libros; ni loca se volvía a poner a leerlos, ¡qué aburrimiento!
En ese momentó escuchó que alguien bajaba por la escalera de los chicos. Era George. Tenía cara de sueño y el pelirrojo pelo despeinado. Bajaba zambaleándose mientras hacía un intento fallido de arreglarse el pelo con la mano. Cuandó llegó abajo miró a Stevie y se quedó quieto. La mano con la que se estaba "peinando" bajó hasta el bolsillo de una oscura bata de dormir morada; Fred la tenía en azul.
- ¡Hola! - Dijo Stevie con una sonrisa.
- Hola. - Dijo él con menos entusiasmo, mientras caminaba hasta el sillón que había al lado del sofá. Se dejó caer sobre él ante la mirada atenta de Stevie. - ¿Qué haces despierta tan temprano?
- Ah, bueno, me he despertado y no he vuelto a cojer el sueño. ¿Y tú?
- Lo mismo. - George bostezó profundamente.
- Sí, se te ve muy despierto. - Comentó con una sonrisa irónica Stevie.
- No, la verdad es que he oído ruidos y he bajado a ver que pasaba.
- ¡Ah, que lástima! El ladrón se ha ido hace un minuto, junto al asesino. ¡Te los quería presentar!
- Parece que alguien ha desayunado ironía hoy, ¿eh? - Dijo George haciéndose el molesto, mientras Stevie se reía. - Hablando de asesinos.., ¿sabes lo último de Sirius Black? ¡Le han visto en Hogsmade! El Profeta lo publicó ayer. ¡Todos temen que esté viniendo a Hogwarts!
A Stevie se le borró la sonrisa de la cara. Se puso pálida y miró al suelo. No se dió cuenta de que había empezado a temblar.
- ¿Qué te pasa? - Preguntó preocupado George.
- Nada, nada. Sólo que... Tengo un poco de frío.
- Eh.., espera. Te traeré una manta. - Stevie sonrió y George subió escaleras arriba. Se apoyó con los codos en las rodillas y se llevó las manos a la cabeza, la cual dejó caer con todo su peso sobre ellas. George volvió al instante con una manta de color rojo sobre el hombro. Stevie levantó la cabeza fingiendo una sonrisa y cogió la manta que este le extendía.
- Gracias. - Dijo cubriéndose con ella.
- No hay de que. - Éste se sentó de nuevo en el sillón y fijó su mirada en la enorme pila de libros de la mesa. El trabajo de los unicornios... Él no había empezado aún. Tenía pensado copiárselo a Angelina, como muchas veces habían hecho él y Fred. De pronto, los ojos de George se iluminaron. - ¡Eh! ¡Tengo una idea! ¡Ven, corre!
- ¿Qué pasa? - Preguntó Stevie echándose para atrás cuando George pasó corriendo delante de ella. Pero éste no contestó. Stevie se levantó corriendo del sofá y logró alcanzarlo antes de que éste llegara a la puerta. Salieron de ella veloz,emte y cruzaron todo el pasillo. Pero Stevie agarró del brazo a George y lo estampó contra la pared detrás de una estátua de dragón que había en el corredor. Con el dedo le indicó que callara, pero éste no hizo caso y dijo:
- ¿Qué haces? ¡Tenemos qué...! - Stevie le tapó la boca con la mano. Con un hilo de voz dijo:
- Tsh, cállate, a menos que quieras que nos degollen. Viene Filch. - Ambos se asomaron por detrás de la estátua (George con algo más de dificultad, ya que estaba de espaldas a ésta). Unos pasos se oían acercarse por el corredor.
- Vamos, cielo mío. - La melosa voz de Filch resonaba por el pasillo. Era evidente que con quién hablaba era con la Señora Norris, su chivata gata, a la cual todo el mundo quería arrojarle una patada. - Estoy cansado; quiero llegar ya a la conserjería. Pronto éstos monstruos se despertarán y tendré que soportarles de nuevo; quiero descansar antes de tener que verles la cara.
- Se nota que nos tiene aprecio. - Susurró George. Filch y la Señora Norris cruzaron rápidamente el corredor, con ansias de llegar a la consergería. Tantas ansias eran esas, que a pesar que George y Stevie no estaban muy bien escondidos, no les vió.
- ¡Uf, por los pelos! - Dijo George saliendo de su escondite con un ligero salto y mirando sonriente a Stevie. Ésta, sin embargo, se quedó allí, mirándole, cómo si no pudiera creerse lo que acababa de decir George.
- ¿Disculpa? ¿Por los pelos? ¡George, no podemos ir a éstas horas a nuestra bola corriendo y saltando por los pasillos! ¡La gente duerme y los profesores vigilan! Nos podíamos meter en un lío.
- No sería la primera vez. - Dijo éste giñándole el ojo y siguiendo su camino hacia quien sabe donde. Stevie permaneció seria durante unos segundos, pero enseguida dejó escapar una sonrisa. Miró al suelo con expresión de 'no tiene remedio' y siguió andando tras él.
Mientras bajaban la larga escalera de mármol Stevie volvió a insistir y preguntó:
- ¿A donde vamos?
- ¡Ya verás! ¡Te va a encantar!
- Me encantaría más si me dijeras de que se trata.
- No puedo, ¡es una sorpresa!
Estaban los dos ya algo sofocados, pero por fín lograron salir del castillo. Para sorpresa de Stevie, George siguió andando... Hacia el bosque prohibido. Ella se paró.
- ¿Qué se supone que haces? - George la miró.
- Andar.
- No seas idiota. ¡No podemos ir por allí!
- ¿Porqué no?
- Porque está prohibido... Ya sabes.... Por eso se llama 'el bosque prohibido'.
- ¡Oh, vamos! ¡He entrado aquí mil veces con Fred! No pasa nada si no te adentras mucho.
- ¿Y no lo haremos?
- Si podemos evitarlo, no.
- No sé si conformarme con eso...
- ¡Vamos, por favor! ¡Te encantará!
Sin esperar respuesta, George se volvió de nuevo hacia el bosque y siguió caminando. Stevie se encogió de hombros y, algo vacilante aún, continuó andando.
Se adentraron bastante en el bosque y Stevie empezaba a no gustarle esa situación. Los sonidos desconocidos que de vez en cuando resonaban en sus tímpanos no ayudaban a mejorar la sensación de inseguridad. Oyó crujir una rama de arbol, y se paró.
- Oye, George; o me dices donde vamos o me vuelvo al castillo.
George estaba caminando lentamente, quizás porque estaban cerca de la cabaña de Hagrid y podia oírles. Él siguió sin girárse, pero, observando la oscuridad de la noche se llevó el dedo índice a los labios para indicarle que callara, y, seguidamente, se paró en seco.
- ¿Qué pasa? - Preguntó Stevie.
- ¡Tss! Mira... Es aquí.
George se volvió hacia Stevie y le alargó la mano con una sonrisa. Ésta dudó, pero, una vez llegado hasta ahí, ¿qué podía perder? Agarró la mano de George, el cual apartó los matojos que les cerraban el paso con su otra mano e impulsó ligeramente a Stevie al otro lado. Ésta se quedó maravillada. Delante de ella apareció al instante un hermoso animal blanco. Brillaba fuértemente en la penumbra del bosque, sentado sobre la hierba, moviéndo se cuerno de un lado al otro:
- Es... - Preguntó ella avanzando lentamente hacia la criatura, aún con una mirada maravillada en el rostro.
- Sí. - Asintió George, poniéndose a su lado, y mirando también al animal, con expresión de satisfacción y los brazos cruzados. - Es un unicornio.
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