CAPÍTULO 14~ LA NOTA:
Los ojos de los alumnos recorrieron el comedor para llegar hasta Dumbledore. Estaba atónito, aunque mantenía su compostura, y su rostro seguía firme y pasivo.
- ¿Qué ocurre, profesora MacGonnagall? - preguntó, permaneciendo inmóvil.
- No sé si es demasiado idóneo decirlo delante de los alumnos, director...
- Los alumnos son también sus compañeros, merecen saberlo todo sobre este suceso, aunque pueda ser duro y cruel.
- Esta bien... - La profesora cruzó el comedor y se situó al lado de Dumbledore. Giró sobre si misma y se dirigió hacia los alumnos. - Como ya sabréis, la escuela está completa y absolutamente rodeada de dementores, igual que Hogsmade. Eso significa que a pesar de eso, Sirius Black a logrado cruzar el pueblo, entrar en Hogwarts, dejar el mensaje y llevarse a la señorita Reindler.
- ¿A donde quieres llegar? - Preguntó Snape. Estaba sentado en la mesa de profesores, aunque parecía preocupado, no lo parecía tanto cómo el resto del personal de la escuela. MacGonnagall suspiró, cómo si no quisiera seguir explicándolo.
- Quiero decir que... Que es muy improbable, no imposible, pero sí improbable... Que consigamos encontrar a la señorita Reindler. Y es muy probable...
- Que en estos momentos.., ya esté muerta.
El comedor se quedó en silencio. Las últimas palabras de Dumbledore les congelaron a todos. Hermione y Marta lloraban con fuerza, mientra los gemelos, Lee, Harry y Ron tenían una expresión de alto odio en el rostro. George no lloraba, no le salían las lágrimas. Aún así, sin poder remediarlo, una gota le cayó por la mejilla.
Al darse cuenta, buscó un pañuelo en su bolsillo para detener el llanto, y que no se volviera más intenso. Sin embargo, no fué eso lo que sacó del bolsillo: un arrugado pergamino cayó para posarse en el suelo. George entonces recordó.
- ¡Escuchad! - Gritó, recogiendo el papel y poniéndose de pie. - ¡Tengo que contar algo!
Relató la historia del bosque delante de todos los alumnos y profesores, igual que había hecho con sus amigos, sólo que esta vez, no se olvidó la parte de la carta.
Dumbledore la cogió con cuidado, y sin decir nada, se la entregó a Harry. George tenía razón; Sirius Black quería a Harry, y se había llevado a Stevie para lograr cazarlo. Harry leyó la nota. Fred, Lee, Ron y Hermione lo hicieron detrás suyo. Todos la entendieron. Harry se levantó furioso y se fué. MacGonagall dió la orden de que todos hicieran lo mismo, lo que causó varias quejas porque muchos querían ver que ponía en la nota. George estaba cansado, así que decidió subir a la habitación.
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Estaba todo muy oscuro. Se acababa de levantar. El suelo era de dura madera oscura, que crujía aún sin moverse. Con un dolor de cabeza casi inhumano, se intentó incorporar, pero sólo consiguió caerse sobre su brazo izquierdo. Observó a su alrededor. Una ligera luz que entraba por una rota y vieja ventana iluminaba un poco el interior delo que parecía una casa abandonada. Las paredes estaban mugrientas y por el suelo se deslizaban hormigas, mientras en los rincones se diferenciaban varias cucarachas, algunas muertas. Su pelo estaba muy despeinado, y su ropa tenía rasguños mezclados con una suciedad propia de la ropa delos vagabundos. La repugnancia que sentía en esos momentos se esfumó cuando oyó unos pasos subir por las escaleras, que localizó al final de la habitación, de espaldas a ella. Los pasos parecían torpes; no eran continuos y eran muy bulliciosos. A su miedo se le sumó uno mayor cuando divisó una figura cerca de las escaleras, en el suelo. Algo que parecía... Un cadáver.
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