dimecres, 30 de gener del 2013

CAPÍTULO 2♥.


CAPÍTULO 2~ DE NUEVO A LA MADRIGUERA: 
El resto del verano a Stevie se le pasó muy largo, como siempre. Durante las primeras semanas Stevie acabó todos los deveres que les habían puesto, y eso que eran muchísimos. Pero por fin llegó el día. 
Tres días antes del 1 de septiembre, llegó el momento de irse a La Madriguera, la casa de la família Weasley. En ella vivían Ginny, la más pequeña, que comenzaba segundo año en Hogwarts, Ron, que comenzaba el tercero, Percy, del cual ese era su último año, y Fred y George Weasley, que empezaban, como ella, quinto curso. Stevie, aunque se negaba a reconocerlo, estaba perdidamente enamorada de George. Pero se lo encontró besándose con una chica en tercer año, antes de hacer un mes que salían juntos. Desde entonces son amigos, y Stevie está convencida de que George se ha olvidado de ella, y ella de él. Pero no era así. Y se negaba a admitirlo. 
- ¡Stevie! ¿Estás ya? - Su abuela, Paola, la llamaba desde el piso de abajo. 
- ¡Sí, sí! ¡Ya bajo! - Gritaba Stevie mientras se colgaba una mochila en la espalda y cogía su baúl, que parecía a punto de estallar. 
Cuando bajó su abuela ya estaba fuera con el coche. Stevie cerró con llave, guardó su baúl en el maletero y con mil mariposas en su estómago se sentó dentro del coche, mientras este arrancaba y se encaminaba... Hacia La Madrigera. 

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George no había podido dormir más de tres horas esa noche. Se despertó muy temprano y se duchó, se peinó, se arregló y recogió la habitación. Cuando Fred abrió los ojos y lo vió allí, sentado en la silla, mirando el reloj, ya vestido y duchado, se le dibujó una sonrisa un poco malévola en la cara. Cuando levantó la cabeza y vió que había ordenado la habitación, cosa que no hacía desde la última vez que Stevie vino a La Madriguera, no pudo aguantar una sobresaltadora carcajada. George, que aún no se había dado cuenta de que su gemelo estaba despierto, se asustó y dejó de mirar el reloj (por primera vez desde los últimos veinte minutos), para mirarlo a él. 
- ¿De qué se supone que te ríes? - A Fred le costó varios minutos relajar la carcajada lo suficiente como para poder contestar. 
- No se nota ni nada que viene Stevie, ¿eh? - Apenas acabó la frase ya volvió a reír fuertemente. George miró a su gemelo con desaprovación. ¿Tanto se notaba? Si solo se había duchado... 
- No exageres. Solo me he duchado. 
Fred siguió riendo pero fué disminuyendo. Se sentó en la cama y cambió su expresión a seria. 
- ¿Porque no vuelves a intentar salir con ella? - George se giró. 
- ¿Estás loco? Nunca me perdonará lo que le hice. 
- ¡Oh, por favor! ¡Han pasado dos años! ¡DOS AÑOS! Además no te has esforzado en contarle la verdad.
- Que no, ¿qué? La última vez que intenté hablar con ella casi la pierdo como amiga también. Ahora que las cosas están bien... Ni de lejos me arriesgo. 
Fred suspiró. Sabía que su gemelo tenía razón, pero también sabía que Stevie seguía enamorada de George. ¡Se veía de lejos! Pero su gemelo era igual de cabezota que él. Su madre rompió el espeso silencio que se había formado. 
- ¡Gemelos, a desayunar! 
Ambos bajaron. La imagen era muy graciosa, puesto que eran los dos iguales, pero uno en pijama y despeinado, y el otro recién duchado y arreglado. Para los Weasley, teniendo en cuenta que día era, no les fué difícil saber cual de los dos gemelos era el que iba arreglado. 
- ¿No crees que has exagerado? - Preguntó Ginny, intentando aguantar la risa. 
- ¿Cómo? - Preguntó como respuesta George. 
- Són las nueve. Stevie no llegará hasta las doce, y ya te has arreglado.
Ron no pudo aguantar más. Era realmente extraño ver a su hermano comportándose de esa manera. Estalló en una carcajada que contagió a todos, hasta a Molly. George la fulminó con la mirada. Esta intentó suprimir la risa y los mandó callar: 
- Vamos, vamos. Ya está bien. 
¿Porqué exageraban tanto? ¡Solo se ha duchado! El pelo lo llevaba como siempre... Aunque, sí, se había puesto su mejor ropa y se había puesto perfume pero... Tampoco era para tanto, ¿no? Su família se había vuelto paranoica. Eso sí, la espera, realmente, se le hizo eterna. 

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Por fin llegaron. Era más o menos la hora de comer. Llamaron a la puerta. Los gemelos y Percy estaban arriba, y el resto de los Weasley abajo. A pesar de eso, George llegó el primero a la puerta... Pero no la pudo abrir. Se quedó congelado, como la primera vez que vió a Stevie. Fred llegó con los otros, y se quedaron esperando a que George abriera la puerta. Pero volvieron a picar y George seguía sin abrirla. Fred puso los ojos en blanco y tiró para atrás a George, dejando paso a su madre para que abriera de una vez la puerta. Antes de abrirla del todo, abuela Paola entró rápida y nerviosamente, dió dos besos a todos, y en tres segundos volvía a estar arrancando el coche, mientras gritaba: 
- ¡Llego muy tarde! ¡Gracias por todo otra vez, Molly! 
Cuando el coche ya estaba muy lejos, Molly reaccionó y dijo: 
- Eh... Esto... Sí, adiós. 
Pobre Paola. Siempre le pasaba lo mismo, cada año llegaba tarde. Molly sonrió. Pero... ¿Y Stevie? 
Los Weasley salieron al jardín, y entonces la vieron. 
Una chica bajita luchaba con todas sus fuerzas para levantar sobre sus hombros una jaula de lechuza, mientras arrastraba un baúl enorme y cargaba con una mochila en el brazo. Cada vez que conseguía colocarse una de las tres cosas bien, las otras dos se le caían.
Levantó la vista y allí los vió. Los siete Weasley la miraban, sonrientes. Ella, dejó caer torpemente todo lo que llevaba encima (la jaula de Grynwitch con más cuidado) y fué a saludarlos a todos. 
Dió dos besos a Molly y a Arthur, y luego a Percy y a Ron. Estos, fueron a recoger el baúl y la jaula y los llevaron a la habitación donde, desde hacía tres años, Stevie pasaba allí  los tres primeros días antes del comienzo del curso. 
Molly y Arthur entraron para preparar la comida y fuera se quedaron los gemelos y ella. Stevie se lanzó a los brazos de ambos y los apretó muy fuerte. 
- Como nos abrazes más cariñosamente, - dijo Fred con voz ahogada. - no llegaremos al 1 de septiembre. 
Stevie los soltó. Miró a George. Él sí quería que el abrazo continuara. Los tres subieron a la habitación de Stevie, pero Molly llamó a Fred para que ayudara a poner la mesa. Este pilló la indirecta y enseguida bajó. Se quedaron los dos solos. Stevie, sin saber porqué, le volvió a abrazar. Fuerte, pero sin ahogarlo. Y en un susurro casi inaudible, dijo: 
- Gracias por la carta. 
Él tardó un poco en contestar. Sabía que si contestaba se acabaría el abrazo. Pero tenía que hacerlo tarde o temprano, así que, alargando las sílabas, en un susurro aún más inaudible que el de Stevie, simplemente dijo: 
- De nada. 












































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