CAPÍTULO 2~ UNA GRAN NOTICIA:
Cuando llegaron al comedor, Hagrid se sientó en un sillón, y este se rompió en cuanto el gigante apoyó todo su peso en él:
- Vaya... - dijo con lástima. - Lo siento mucho. Yo... Devería ponerme a dieta.
- Oh, no se preocupe. De todas formas, ya estaba muy viejo, lo íbamos a tirar. - Mintió con mucha amabilidad Paola.
- Esto... ¿Qué me teníais que contar? - Parecía que los dos se han olvidado de la presencia de Stevie.
- Ah, sí. - Empezó Hagrid. - Stevie, tú sabes que vienes de una gran família de magos y brujas, ¿Verdad? - Stevie asintió con la cabeza. - Bien, pues entonces también saber... que tú también lo eres.
A Stevie se iluminaron los ojos. ¿Ella, bruja? No podía ser, si ella... Ella no tenía poderes. Tenía que ser un error.
- Pero... Hagrid... Yo no tengo poderes... - Hagrid levantó la cabeza y miró a Stevie. Exclató de nuevo en una gran carcajada. Cuando por fin se calmó, prosiguió con su explicación:
- ¿Tú? ¿No tener poderes? ¡Qué dices! ¡Pero si tu eres nada más y nada menos que la nieta del gran profesor Dumbledore!
Stevie se quedó helada. ¡¿Dumbledore?! ¡¿El famoso director de la escuela Hogwarts?! ¡Eso era imposible! Su abuelo materno, marido de Paola, ella ya lo conocía, y no era precisamente Dumbledore. Era más bien un mago con pocos conocimientos mágicos que trabajaba en una pequeña tienda en el callejón Diagón; Vendía varitas en la tienda Ollivanders. Ayudaba a su jefe sobretodo en esas fechas, que se acercaba el comienzo del curso en Hogwarts, y los niños que empezaban en el primer curso necesitan una varita. En cuanto a su abuelo paterno, su abuela siempre le ha dicho que murió cuando nació su padre, hijo de su abuela Rishna. Stevie nunca veía a su abuela paterna, pues ella era la única muggle de la família. Y, por lo que le estaban diciendo, su marido, era o fué el grandísimo Dumbledore. Pero... ¿Realmente era eso cierto?
- Pero... ¿Qué...? ¿Como....? ¿Cuando...?
- Cariño... - Esta vez habló su abuela.- Dumbledore y Rishna tubieron a tu padre. El problema... Es que nunca estubieron casados. Decidieron desentenderse el uno del otro para evitar posibles rumores sobre el favoritismo de tu padre en Hogwarts, así que decidieron guardarlo en secreto. Cuando tu padre se graduó en Hogwarts se lo contaron. Obviamente le costó bastante acostumbrarse, pero al final lo acabó queriendo mucho. Además, Dumbledore creó muchos lazos con él en sus años en el colegio, ya que no podía evitar un fuerte cariño; al fin y al cabo, el profesor si que sabía que era su hijo. Cuando naciste tú, también supimos que serías bruja, y también decidimos ocultártelo hasta que te graduases, pero tu padre nos dijo que a él le ubiera gustado saberlo antes, porque lo pasó mal, y no quería que tú pasaras lo mismo, así que decidimos contártelo el mismo día que te trajeran la carta de inscripción de Hogwarts.
¿QUÉ? ¿Había oído bien? ¿Iría a Hogwarts?
- ¿Iré a Hogwarts? ¿Enserio?
- ¡Por supuesto! - Hagrid sonrió, enseñando unos dientes bastante amarillentos y desgastados.
- Pero... Entonces tendré de empezar en primer curso, con los de once años... ¿No?
- ¡Oh, no, no, nada de eso! Tendrás un compañero que te ayudará a hacer tus trabajos, y poco a poco lo irás pillando.
- ¿Qué compañero?
- Aún no lo sabemos. El que vean que te puede ayudar mejor, supongo. Pondremos de escusa que estudiabas en casa, con tú abuela, y ahora irás a Hogwarts. Pero escucha, obiamente, tiene que ser un secreto. Nadie puede saber que eres la nieta del director, ¿entendido? Solo el compañero que te ayude sabrá eso.
- Sí, tranquilo. No diré nada. Pero una cosa... ¿Mi apellido no tendría que ser Dumbledore? ¿Y el de mi padre?
- Le cambiaron el apellido a tu padre por Reindler en cuanto decidieron que sería un secreto. Obviamente, su apellido oficial, y el tuyo, sige siendo Dumbledore, como Albus Dumbledore.
- Ah, vale.
- ¿Te ha quedado claro que será un secreto, verdad?
- ¡Qué síiiiiiii!
- Estupendo. - Dijo Hagrid, rebuscando en su negro y viejo abrigo.- Toma.
Hagrid le dió a Stevie una carta. La carta decía:
SRA. REINDLER.
HABITACIÓN DEL PISO DE ARRIBA.
16, DE ROALD STONE.
Stevie la abrió y la leyó. La invitaban a asistir a la escuela Hogwarts. En el sobre también había una carta en la que habia una lista con todos los libros y todo el material que necesitaría para el comienzo del curso.
- Todo esto lo compraré en el callejón Diagón, ¿no?
Hagrid y su abuela sonrieron, y asintieron con la cabeza, a la vez.
- Mañana por la mañana iremos a comprarlo todo. Bueno, más bien, irás tú. Hagrid te acompañará. Yo no
puedo ir.- Dijo su abuela.
-Sí, - Continuó Hagrid. - pero deves saber que no iré solo.
- ¿Vendrá otro niño con nosotros?
- Sí. Nada más y nada menos que el mismísimo Harry Potter.
- ¿HARRY POTTER?
- Sí.
- ¿Voy a ir a comprar mi material con el mismísimo Harry Potter?
- Efectivamente. ¿Te hace ilusión?
- ¡Mucha!
- Me alegro mucho. Pues yo ya me he de ir. Mañana nos vemos, Stevie.
- Adiós, ¡Y gracias!
- Ah, por cierto. Feliz cumpleaños, Stevie.
Hagrid sacó de su abrigo un paquete, y Stevie lo abrió entusiasmada. Era una foto. En ella salían ella de bebé, su padre.... Y Dumbledore. A Stevie se le llenaron otra vez los ojos de lagrimas, pero las reprimió. Alzó la cabeza, miró a Hagrid a los ojos negros, y le sonrió.
- Muchísimas gracias, Hagrid.
- De nada, Stevie.
Stevie se acabó de despedir de Hagrid y se fué otra vez a la cama. Pero le costó mucho dormirse, porque no se podía creer lo que acababa de pasar esa noche, y mucho menos en lo que pasaría mañana.
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