CAPÍTULO 5~ LOS WEASLEY:
El resto del verano sé le pasó eterno a Stevie. Fué practicando ella sola, (escondida en su habitación para que ningún muggle la viera) varios echizos, pociones y encantamientos de primer y segundo curso, para ir avanzando. La verdad, es que se lo ha ía estudiado casi todo. Su abuela le hacía exámenes y todo, ya que esta había sido, hacía más de cincuenta años, una profesora en Hogwarts. Se retiró cuando se casó con Heinz. Todos las notas eran 9, 8, 9,5, y algún 10. Estaba más que lista par a empezar tercer curso. Realmente, ni ella misma creía que ubiera sido capaz de, en tres meses, estudiar dos años enteros de curso. Obviamente, no se lo sabía todo, pero sí lo suficiente.
Dos días antes del 1 de septiembre, el primer día en Hogwarts, Stevie estaba en su habitación, leyendo Historia de la Magia, Tercer curso. <<Fascinante...>> Repetía para sí misma mientras leía. Fué entonces cuando su abuela entró por la puerta. Parecía preocupada.
- ¿Qué pasa? - Preguntó Stevie cerrando el libro, al ver que se trataba de algo serio. Su abuela cogió aire.
- No puedo acopañarte a la estación.
- ¿Cómo? ¡Pero si yo sola no sé ir!
- Ya lo sé, estoy haciendo todo lo que puedo para que puedas ir. Pero no sé como.
- ¿Porqué no puedes venir?
- Tu abuelo me ha llamado de la tienda. Si no quiero que tu abuelo se vuelva loco, he de ir a ayudarle. Creo que está empezando a enfermar y todo. Me quedaré allí unos días, en la trastienda hay dos camas. Normalmente duermen Ollivanders y Heinz allí, pero como Ollivanders está enfermo, duerme él solo. Usaré la otra cama.
- Oh, vaya... ¿Y no me puede llevar Hagrid?
- Por supuesto que no. Él tiene obligaciones en el castillo, y aún más con Harry. Él sí que lo tiene mal para llegar.
- ¿Y no me puedes decir cómo llegar?
- És demasiado complicado.
- ¿Y no tienes ningún amigo o algo? ¿Alguna família que también tengan a los hijos en la escuela?
A Paola se le abrieron los ojos muchísimo. ¿Cómo no sé había acordado? Sí esque ya está vieja... No hay momento que perder. Viven lejos, deberían partir mañana mismo. Stevie miraba a su abuela, que murmuraba cosas inaudibles mientras daba vueltas por la habitación.
- ¿Y bien? - Preguntó Stevie. Paola paró, y la miró. Solo dijo:
- Los Weasley.
- ¿Los Weasley?
- Sí, los Weasley. Són muy amigos de la família. Todos magos, todos pelirrojos. Su hijo mayor, Charlie, trabaja en la empresa de tus padres en Rumania. Desde eso, Arthur y Molly Weasley, són muy amigos de tus padres. Pero cuando se mudaron, perdieron en contacto, y solo se comunican vía lechuza y cuando van a ver a Charlie. Seguro que aceptan tenerte en su casa hasta que empieze el año. Sus hijos van a Hogwarts, ¿Sabías? Són cinco.
- ¿CINCO? ¿Cuantos hijos tienen?
- Siete. Pero los otros dos, Bill y Charlie, ya són mayores. Los otros són Ron, de once años, Fred y George Weasley, los gemelos de tú edad, trece, y la pequeña Ginny, que tiene diez y hasta el año que viene no podrá ingresar en Hogwarts. Voy a llamarles.
Paola salió disparada de la habitación, y volvió al cabo de apenas cinco minutos, con una gran sonrisa en la cara.
- Solucionado. Haz él baúl, nos vamos ahora.
- ¿Ahora?
- Sí. ¡Corre!
Menos mal que Stevie tenía lleno el baúl desde hacía dos días. Metió el pijama, el cepillo de dientes, el piene, todos los libros, la escoba, y la varita. Se vistió con unos pantalones tejanos (le encantan) algo ajustados y una camiseta de hombro caído, co pletamente azul. Se puso sus botas marrones de cordones, las cuales lleva siempre sin abrochar, y se peinó; como siempre, con el pelo suelto, liso, muy liso. Brillante, muy brillante. Largo, muy largo. Y rubio, muy rubio. Sus ojos verdes, hoy, también brillaban. Y sabía perfectamente, que dentro de dos días, brillarían más que nunca.
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Estaban en la carretera. Iban en un coche completamente muggle que abuela Paola había comprado cuando se mudaron a Roald Stone. Para ser un trasto tan viejo y cutre, iba bastante rápido, y era muy agradable viajar en él. Después de una hora y media en carretera, pasando por lugares y caminos que Stevie sabía que los muggles ni sabían que existian, avistaron al final de un camino de arena, una casa que se elevaba en medio de una enorme esplanada verde, más grande que dos campos de fútbol muggles. La casa era clar amente vieja, muy rústica, pero a la vez muy bonita. Tenía tres o cuatro plantas, que parecían haber sido construídas separadas, y después las había puesto una encima de la otra un troll borracho.
- Por fin. - Dijo Paola. - Stevie, bienvenida a la Madrigera, la casa Weasley.
Stevie se fijó entonces en un cartel que acababan de pasar. Ponía 'La Madrigera'. Stevie entendió perfectamente que así era el nombre de la casa de los Weasley. También entendió enseguida que los Weasley, no eran una família del todo normal. Supo al instante que serían muy especiales para ella. Solo que en aquel momento, ella no sabía hasta que punto lo llegarían a ser... Sobretodo uno de ellos.
En la puerta les esperaban Molly y su hija menor, Ginny, ambas con una gran sonrisa. Ambas con un color de pelo rojo intenso. Aparcaron el coche en la entrada de la casa, y salieron a saludar. Eran realmente simpáticas, aunque Ginnny era algo más tímida que su madre. Molly era rechconcha, bajita, y con una sonrisa muy amable. Tenía el pelo por los hombros, ondulado, y como no, pelirrojo. Su hija Ginny tenia el pelo también por los hombros, y también pellirojo, pero ella lo tenía igual de liso que Stevie. Ambas tenían los ojos azules.
- Yo me tengo que ir ya, si no, llegaré tarde.
- ¡Me ha encantado volver a verte, Paola! - Dijo Molly dándole un fuerte abrazo.
- Igualmente, Molly.
Paola se despidó de Ginny, y tardó media hora en acerlo con Stevie. Cuando por fin se decidió a irse realmente, Stevie siguió con la mirada el coche hasta que desapareció: En un año, no vería a su abuela. Realmente la echaría mucho de menos. Molly vió a la ni.a entristecerse y no la dejó:
- Vamos, cariño. Te enseñaré la habitación en la que dormirás.
Las tres subieron hasta la planta de arriba, y entraron en una habitación. Estaba al lado de la que parecía la de Fred y George. Básicamente porque en la puerta había escrito con enormes letras: 'Habitación de Fred y George.'
Cuando Molly abrió la habitación, Stevie se quedo boqueabierta. La habitación era muy pequeña, pero había una enorme ventana por la que entraba mucha luz, y la cama era de madera, casi de matrimonio, con un pequeño despatcho también de madera en la pared de delante.
- No és mucho, pero te servirá. - Dijo Molly algo triste. Sabía que los Weasley iban mal de dinero. Stevie se giró hacia Molly, la cual era igual de alta que ella. La miró a los ojos y le dijo:
- És muchísimo, Molly. És perfecta. Muchas gracias.
Una sonrisa por parte de Molly. Otra por parte de Ginny. Otra por parte de Stevie.
- Arthur y los niños han ido al mercado a comprar fruta. ¿Te gustan las manzanas?
- Me encantan.
- Pues estas te gustarán más. Són las mejores, las cultiba un amigo de la família. Esto... No desagas mucho el baúl, - Molly sacó la varita, y con un golpe seco, el baúl subió desde la puerta hasta el dormitorio. - solo són dos días.
Un ruido de motor hizo a las tres mirar por la ventana; Arthur y los hijos habían llegado.
- Ginny, ves a ayudarles, ahora iré yo. Stevie, cielo, coloca el baúl donde quieras, ponte cómoda y baja, que te voy a presentar.
Molly bajó, y Stevie se quedó sola, con el murmullo de los Weasley debajo de sus pies. Y ella no podía parar de pensar en lo maravilloso que era todo eso.
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Stevie seguía arriba. George y Fred sabían que tenían una invitada, hoja de los dueños de la empresa donde trabajaba Charlie, pero no sabía ni quién era, ni como era.
- ¿Está buena? - Preguntó Fred,
- Eso no és importante, Fred.
- Eso és que és fea.
Los gemelos rieron. A Ginny no le hizo tanta gracia.
- ¿Como podéis ser tan superficiales? Además, és preciosa. És rubia, con los ojos verdes... Lastima que esté fuera del alcanze de los dos, ¿no? - Los gemelos callaron al instante. Esta vez, Ron fué el que rió.
- Bueno, ¿Y cuando bajará? - Preguntó, dejando el último par de manzanas en la cesta de la mesa, y juntándose con sus hermanos y sus padres, en la mesa.
- Debe estar a punto. - Dijó Molly. Un ruido de escaleras crujiendo la avisó. - Mira, ya viene.
George no vió a Stevie hasta que no cruzó del todo la esquina que daba a la mesa. Cuando lo hizo, se quedó boqueabierto. Su hermana no exageraba. Fred y George dejaron escapar a la vez un: << Hay va. >>, completamente embobados, mirando a la recién llegada, Ron fué el primero en saludar, aunque a él también le había parecido muy guapa. Le alargóy dijo:
- Soy Ron. Ron Weasley.
- Stevie Reindler. - Dijo devolviéndole la sonrisa a Ron, y estrechándole la mano. Arthur hizo lo mismo. Luego Fred. Pero George solo la miraba. Se lo quedaron todos mirando, hasta que Fred le dió un codazo, y por fin reaccionó.
- Ah, sí. Esto... Geroge Weasley. Encantado.
- Un placer.
Cuando se dieron la mano, ambos sintieron algo. Algo fuerte dentro suyo... Pero, ¿el qué? Nunca antes ninguno de los dos habían tenido esa sensación... Seguro que era una tonteria, por la que no valía la pena preocuparse.
Se soltaron las manos, y Stevie se sentó en la silla que habia delante de George. La única que quedaba libre.
La comida estaba deliciosa. Durante la cena, George y Stevie habían estado intercambiando miradas vergonzosas. Cortas. Rápidas. Era extraño, pero a pesar de que Fred y George tenían el físico igual, y también la personalidad, Stevie los diferenciaba perfectamente. No sabía como, pero lo hacía. Y... Eso también le permitió observar... Que aunque los dos fueran idénticos físicamente... Encontraba a George bastante más guapo. Pero eso, en esos momentos, no era importante.
Por lo que vió en la cena, Fred y George eran unos grandes aficionados a las bromas, a los fuegos artificiales, y a la diversión en sí misma. Durante la cena Stevie conversó en algún momento con la família, y al final de la comida, ya tenían bastante confianza. Se conocían bastante los unos a los otros, y hablaban como si se conocieran desde siempre. Cuando acabaron de recojer la mesa, Stevie confesó que estaba realmente cansada por todo el viaje, y que devería irse a la cama. Molly le dió una manta gruesa, porque le dijo que por la noche hacía mucho frío. Cuando Stevie estaba subiendo las escaleras, Fred dijo:
- Si por la noche tienes frío, puedes avisar a Geor...
No le dió tiempo a acabar la frase, ya qué George le tapó la boca con la mano. Aunque Stevie había oído lo que el chico había dicho, siguió andando como si nada. Aunque, no pudo ocultar una pequeña risita. De la que nadie se dió cuenta... Excepto Ginny.
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