dimecres, 16 de gener del 2013

CAPÍTULO 3♥.


CAPÍTULO 3~ EL CALLEJÓN DIAGÓN:
Stevie se despertó bastante temprano. Se puso unso pantalones tejanos y una camiseta de tirantes negra. Sé peinó su larga melena y se la dejó suelta. Sus ojos verdes hoy brillaban con más fuerza que nunca, y no era para menos. Bajó por las escaleras. Su abuela havía preparado un desayuno muy apetitoso. Con tortitas, tostadas, batido, leche, galletas... Y havía un trozito de pastel, con velas en forma de 1 y 3. Stevie sopló las velas y pensó que ese era el mejor cumpleaños que podía haber imaginado.
- Tengo un regalo para tí, cariño. - dijo su abuela.
- ¿Ah, sí? ¿Qué és? - dijo emocionada y curiosa ella.
Su abuela se levantó y subió la escalera. Bajó con un paquete alargado la forma parecida a la de... Una escoba.
Stevie cogió el paquete y lo abrió sin duda. Pues sí, era una escoba. Nada más i nada menos que la nueva Nimbus 2000.
- ¡Oh, Diós mio! - exclamó Stevie, dándole ligeras vueltas a la escoba, contemplando cada detalle, cada característica que pudiera encontrar. - ¿Cómo la has pagado? ¡És muy cara! 
- Tu abuelo me dejó una pequeña adquisicón de dinero para tí. Lo adjunté a lo mío y te compré esto. 
- Mi abuelo... 
- Dumbledore, sí. 
- Pero, abuela... Yo no sé volar. 
- Ya lo creo. Tu padre era de los mejores cazadores de su época. Gracias a él Gryffindor ganó muchos partidos en aquella época. Pero... 
- ¿Pero qué? 
- La racha duró poco. Tu padre tuvo una grave lesión en la rodilla. No la puede doblar demasiado, como ya sabes, y todo y que puede volar con la escoba, no puede hacerlo de la manera que requiere el quiddich. Después de eso tuvo que dejar el equipo, a los 15 años solo, ya ves. Desde entonces, Slytherin gana casi todos los partidos. Por no decir todos.
- ¿Como se hizo la lesión en la rodilla? - dijo Stevie, que se había sentado en el sofá junto con su abuela, y sostenía la escoba en el regazo.
- Oh, fué también en un partido de quiddich. Sé estampó con uno de los aros. Cayó al suelo y le petó completamente la rodilla.
Stevie hizo una mueca de dolor, imaginándose a su padre en el suelo, retorciéndose de dolor, con la rodilla echa añicos. Se le revolvía el estómago de solo pensarlo.
- Perdona abuela, pero no entiendo que tiene que ver eso con que yo sea una buena cazadora.
- ¡Eso són tonterías! Toda la família, (paterna, quiero decir) a pasado de generación en generación siendo grandes cazadores. Y tu no eres menos. Te he visto a veces, en cosas cotidianas, como tirar la ropa al cubo de la ropa sucia, desde casi las escaleras, y acertar limpiamente. Lo tienes en la sangre.
- Bueno está bien, lo intentaré.
- Lo harás genial. - concluyó su abuela, pasándole su arrugada mano por la mejilla. Un estruendo en la puerta las asustó a las dos. Abuela Paola fué a abrir. Cómo no, era Hagrid.
- ¡Buenos días! - canturreó alegremente.
- Buenos dias, Hagrid. - dijo con una gran sonrisa Stevie.
- ¿Estás lista para ir a comprar el material?
- Sí. - dijo segura Stevie. - Por supuesto que sí.
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Tardaron muy poco en llegar al callejón Diagón. Fueron, como siempre, a través de el Caldero Chorreante. Ese dia estaba bastante lleno. Bajando por el callejón Stevie se fué fijando en las tiendas. La verdad es que ella hacía años que no venía, y había cambiado todo bastante. Por fin llegaron a Ollivanders, y allí los esperaba su abuelo materno, Heinz. Al parecer su jefe estaba enfermo y llevaba una semana ocupándose él solo de todo el trabajo. La puerta sonó. Stevie y Hagrid entraron por ella. 
- ¿Señor Heinz? - Dijo Hagrid, asomándose por la puerta que daba a la trastienda.
- ¡Hagrid! ¡Stevie! - Un hombre pequeño, con el pelo blanco y unos ojos almendra muy grandes salió de repente de una esquina de la trastienda con una gran sonrisa en la cara, - ¡No esperaba veros tan pronto!
- Abuelo, me alegro de verte. - Stevie abrazó con fuerza a su abuelo, y este le estrechó la mano a Hagrid a continuación.
- A sí que... Una varita, ¿eh? Veamos que tenemos por aquí...
Heinz empezó a buscar entre las cajas de la trastienda, y parecía que no encontraba lo que buscaba. Hagrid y Stevie lo observaban con atención hasta que Hagrid se volvió hacia Stevie:
- Yo tengo que ir a buscar a nuestro invitado especial, - a Stevie se le abrieron los ojos. Harry. - tú puedes mirar por los pasillos de la tienda, ahora parece que no hay nadie, y tu abuelo tiene para rato. - Los dos se volvieron hacia la trastienda. Heinz estaba encima de una escalera tirando montones de cajas de varitas al suelo sin querer, y al reconerlas, tiraba aún más con el culo.
- No te preocupes, esperaré aquí.
Hagrid se despidió de Stevie y de Heinz y salió con prisa de la tienda. Stevie se fué caminando por un pasillo. Al rededor tenía unas estanterías hasta arriba de cajas alargadas que, obviamente, contenían varitas. Stevie se fijó en la etiqueta, pero no entendió lo que puso. Se estaba fijando más en la etiqueta cuando un flash azul salió se el pasillo paralelo al suyo. Stevie se dirigió lentamente a él. Salió otro flash rojo, y otro amarillo, y otro verde. Lo que vió cuando llegó no era especialmente lo que esperaba.

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