dimecres, 16 de gener del 2013

CAPÍTULO 6♥.


CAPÍTULO 6~ LA VISITA NOCTURNA: 
- Prece una buena chica, ¿verdad? - Preguntó Molly. 
- Sí. Una buena persona, sin duda. Sé nota que es una Reindler. 
- Sí. Y és muy simpática. - Añadió Ron. 
- Y muy guapa. ¿Verdad, George? - Dijo Fred, dándole codazos. 
Todos rieron. George no. 
- Cállate, Fred. 
- Sí, sí... 
- Esto... Fred, - George quería cambiar de tema. Ni él sabía que le pasaba. - ¿donde están los fuegos artificiales? 
- Están en el cajón del armario. El tercero. 
- Ron, tráelos. 
- Si claro, ves tú. - Dijo Ron con una croqueta que había sobrado de la cena en la boca. 
- Yo soy mayor. 
- Y yo más pequeño. 
- Eso no te da ninguna prioridad. No tiene sentido. 
- Lo tuyo menos. 
- Mamá, - dijo George girándose hacia su madre, que estaba lavando los platos.- creo que te timaron con Ron. Con Charlie, Bill, Fred y yo te salió bien, pero con Ron ya era abusar. 
Los gemelos rieron a carcajadas y chocaron las manos. A Ron no le hizo ni pizca de gracia. 

--

Todos se fueron a la cama una hora después de Stevie. Ella estaba en su habitación, dormida, cuando el sonido de la puerta abriéndose la despertó; Ginny. 
- Ah, eres tú. Me has asustado, ¿qué pasa? 
- ¿Podemos hablar un momento? 
- ¿Ahora? 
- Sí. 
- ¿Tu madre te deja estar despierta a estas horas? 
- És solo un momento. Por favor. 
- Bueno, vale. Siéntate. 
Ginny se sentó a los pies de la cama de Stevie. Esta seguía teniendo las piernas tapadas, pero se había sentado. 
- A ver, pequeña, ¿qué pasa? 
- A George le gustas. 
- ¿Como? 
- A George le gustas. A George nunca le ha gustado de verdad una chica. Pero tu le gustas. Y si no lo haces, lo harás. 
- Ginny, creo que te estás equivocando. Además, nos acabamos de conocer, ¿no crees que és un poco pronto? 
Ginny tardó en contestar. Solo la miraba a los ojos, a esos enormes ojos verdes. Y dijo: 
- Le gustas.
Y se fué. Salto de la cama, cerró la puerta y se fué. Stevie se volvió a quedar sola. Se volvió a estirar. <<Tonterías de niños. Seguro.>>Pensó. Y volvió a dormirse, como si nada ubiera pasado. 

Fred y George estaban en la habitación de al lado, haciendo explotar (silenciosamente) chismes con sus fuegos artificales.  
- Has sido muy borde con Stevie. - Soltó de golpe Fred. 
- ¿Como dices? 
- Oh, vamos, hermanito. Se ha estado media hora esperando a que te presentaras. Parecía que no quisieras que estubiera aquí. 
- Pero he tardado porque... 
- Porque te has quedado embobado mirándola. Ya lo sé. Pero eso lo sé yo, no ella, y desde fuera parecía que te diera igual que estubiera aquí. Interés, cero. 
- ¿Tú crees? 
- Lo sé. 
- Pues yo creo, querido Fred, que te estás emparanoiando. 
- Mamá cree lo mismo. He hablado con ella. 
- Serás... 
- ¿Buen hermano? Lo sé. 
- ¡Ahora ella también pensará que no quiero que Stevie esté aquí! 
- Lo creía, pero le conté lo que pasa en realidad. 
- Y... ¿Qué pasa en realidad? 
- ¡Oh, Dios mio! Seremos gemelos y todo lo que tú quieras, pero me dieron a mi toda la inteligencia. Estás pillado de ella, hermanito. 
- ¿Qué? ¡Eso és mentira! ¡Y no me llames "hermanito"! 
- Vale, vale... Pero igualmente has de ir a disculparte, herman... Digo George. 
- ¿Disculparme? ¿Porqué? 
- Por haber tardado tanto en saludarla. Parece una chorrada, pero puede llegar a ser importante en una relación 
futura. - Añadió un guiño al final de la frase. 
- Estás muy pesado con eso, Freddie. 
- Vé a hablar con ella. 
- Vale, mañana. 
- No, ahora. 
- ¿Ahora? ¡Estará durmiendo! 
- Pues despiértala. 
- No puedo hacer eso. 
- Sí puedes, y lo harás. Ai, ai pequeño George... 
- Nací al mismo tiempo que tu, casi. 
- Vale. Ai, ai, al-mismo-tiempo-que-yo-casi George... He tenido más novias que tú, y se de que va esto. 
- Stevie no és mi novia. 
- Bueno, también he tenido más amigas, sé lo que has de hacer. 
- Tampoco eres el más popular entre las chicas. 
- Pero he tenido más que tú. 
- ¿Dé qué, exactamente? 
- De todo. ¡Ahora, ve!
- Pero... 
- Ve. 
- Es que... 
- ¡Ve! 
- Fred... 
- ¡QUÉ VAYAS! 
- Vale, vale, aunque solo sea para que té calles. 

George salió de la habitación y se dirigió a la del lado... La de Stevie. 
Llamó un par de veces; nada. Dispuesto a volver a su cuarto, dió media vuelta, pero allí, en la puerta de su habitación estaba George: 
- Hasta que no hables con ella, aquí no vuelves a entrar. 
- No me abre. 
- Pués abre tú. 
- No puedo hacer eso, és de mala educación. 
- George... ¿Desde cuando nos preocupan a nosotros los modales? 
- Pues también és verdad. 
- Madre mia... Si que te ha pillado fuerte esta chica. 
- Cállate. Ya voy. 

George volvió a la puerta de Stevie, y poco a poco la abrió. Stevie estaba estirada en la cama, de espaldas a él. Era preciosa hasta dormida. Con voz temblorosa dijo: 
- ¿Stevie? 
Nada. 
- ...¿Stevie? 
Nada. 
- ¡Pero acercate más y despiértala, imbécil! - Dijo Fred desde la puerta de su habitación. 
- ¡Cállate! - Y cerró la puerta de la habitación de Stevie con un sonoro portazo... Que la despertó. 
Dejó escapar un grito ahogado. 
- No, no, no grites, por favor. 
- ¿George? 
- Sí. Un momento... ¿Como has sabido si soy George o Fred? Si nos acabas de conocer, y ni nuestra madre nos distingue a veces... 
- Pues... La verdad és que no lo sé. ¿Qué haces aquí? 
- Esto... Quería disculparme. 
- ¿Disculparte? 
-  Sí. Por haber tardado tanto en saludarte. 
Sé quedaron en silencio. Mirándose el uno al otro. Serios. Hasta que Stevie estalló en una gran carcajada. George no entendía nada. ¿Había echo algo malo gracioso? 
- ¿Qué pasa? - Preguntó él. 
- ¡No hacía falta que te disculparas por eso! ¡És una tontería! ¡Ni me acordaba! 
- Entonces... ¿No piensas que no te quiero en esta casa? 
- ¿Como? ¿Como iba a pensar eso solo porque tardaras más que los demás en saludarme? 
- Ya veo... - George quería matar a Fred. 
- Y aunque estubiera enfadada o pensara eso... Podías haber esperado a mañana, no hacía falta que vinieras tan tarde. - Añadió con una sonrisa Stevie. George cada vez tenía más ganas de matar a Fred. 
- Bueno... Entonces... Mejor me voy a la cama. 
- Sí... Mejor... 
- Buenas noches, Stevie. 
- Buenas noches... George. 
George salió de la ha itación todo lo lento que pudo, y cuando entró en la suya, se encontró a Fred retorciéndose en el suelo de la risa. 
- Te voy a matar. - Dijo George estirándose en la cama. Fred empezó a imitarlo: 
- ¡Aii, siento haver tardado tanto en saludarte, méteme en la cárcel Stevie, soy espantoso! ¡Ha, ha, ha! - Fred no paraba de reír. Aunque en otros momentos, y con otra chica, ubiera pensado que ha echo el ridículo, con Stevie, en ese momento, y con la sonrisa que ella le dedicó antes de irse, no lo pensaba, se sentía bien. A diferencia de la de Fred, Stevie tenía una risa muy agradable y sincera. Nada burlona. Y además, tenía una sonrisa preciosa. 

















































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