CAPÍTULO 9~ LA VISIÓN DEL FUTURO:
Todo el comedor estaba callado. El Sombrero Seleccionador murmuraba palabras inaudibles para sí mismo. Stevie estaba cabizbaja y se miraba las manos. Las mangas de las túnicas casi se las tapaba por completo. Entrelazaba sus manos mientras echaba algunas miradas al público. Dumbledore empezaba a estar un poco enfadado.
- ¡Bueno ya está bien! - Dijo levantándose de su silla, rompiendo el silencio. La gente se asustó. Dumbledore se acercó al tamburete, y permaneció de pie al lado de este. - ¡Debes escojer una casa ya, Sombrero!
- No logro decidirme, profesor Dumbledore. Esto no había pasado nunca.
- Pero al menos, debes tener una ligera idea. ¿No puedes descartar ninguna casa? ¡¿Aunque solo sea una?!
Silencio.
- Lo lamento, profesor Dumbledore. Realmente lo lamento... - El Sombrero Seleccionador parecía avergonzado.
De repente, Stevie notó algo. Algo dentro de ella, de su cabeza. Imágenes empezaron a pasar delante de sus ojos. Imágenes que ella no había vivido, pero en las que salía ella. Levantó la cabeza. La gente la miró. Ella solo miraba delante, era una mirada vacía, sin sitio fijo. No se movía. Ni siquiera parecía que respirara. Solo mantenía la mirada hacia delante. Solo eso.
- ¿Señorita Reindler? - Preguntó con algo de preocupación McGonagall.
Pero Stevie no oía nada. Ella solo veía imagenes de sitios de Hogwarts. Salían ella, Harry, Ron, Hermione, Percy, Fred, George, Lee... Todos en diferentes imágenes. Muy rápidas. Muy cortas. Cada vez más rápidas. Cada vez más cortas. Hasta que las imágenes cortas pararon, para dejarle ver una normal. Como si estubiera pasando en ese momento...
Nadie la veía, nadie la escuchaba. Todos miraban a una rubia de ojos verdes, algo más alta, que recogía la copa de la casa para Gryffindor. Era ella, en lo que parecía ser el final del año. Ella estaba encima de la tarima en la que estaba la mesa de los profesores. Gritaba eufórica elevando la copa por encima de su cabeza. Al hacer eso, la multitud, sobre todo la casa Gryffindor, gritaron aún más. En realidad, todos gritaban... Menos Slytherin. Stevie se acercó a la mesa de Slytherin, concretamente al lado de Draco. Parecía molesto...
- Hemos estado a punto de ganar, - Le decía a un chico gordo que tenía al lado. - pero no lo hemos echo. Juro que el próximo año haré lo que sea para ganar. Lo que sea.
La manera en que Dreco remarcaba las palabras "lo que sea" cada vez que las nombraba le ponía la piel de gallina a Stevie.
Pero entonces, la Stevie que elebaba la copa en el aire, gritó: <<¡ARRIBA GRYFFINDOR!>>.
Eso significaba... Que Stevie era de Gryffindor. Fué entonces cuando lo sintió. Lo sintió dentro suyo. Sintió que debía estar en Gryffindor. No sabia en que se basaba, pero lo sabía. Entonces todo a su alrededor se diluyó. La copa, Draco, las mesas, las paredes... Todo. Cerró los ojos fuértemente. Cuando los volvió a abrir, volvía a estar en el tamburete. No pudo apreciar mucho la escena, porque en cuanto sus párpados se separaron, se mareó, y se cayó de, tamburete, desplomándose en el suelo.
- ¡Stevie! - La voz de George resonó por todo el Gran Comedor. Él y Fred se acercaron inmediatamente hacia Stevie. Harry, Ron y Hermione con ellos. En pocos segundos, toda la gente del Gran Comedor habían rodeado a Stevie, y luchaban por ver mejor.
George se sentó en el suelo y levantó un poco el cuerpo de Stevie del suelo, sujetándolo contra su pecho, aún inconsciente.
- ¡Stevie! ¡Por favor, despierta! - George sacudía un poco el cuerpo de Stevie; Nada.
McGonagall mandó a Fred a buscar a la infermera del colegio, y este se dirigió corriendo a la puerta.
- ¡NO! - Fred se giró. - No vayas.
Fred, dudosamente, volvió hacia la multitud. Era Dumbledore.
- Sentaros todos. - Nadie se movió. - ¡VAMOS!
La multitud fué dirigiéndose cada uno a su sitio. En la tarima quedaron solo Dumbledore, McGonagall, los demás profesores, que se sentaron de nuevo, Stevie... Y George. El tono de voz de Dumbledore era severo, y preocupado. Miró a George, que seguía sujetando el cuerpo de Stevie. Parecía a punto de llorar, pero no lo hizo. Dumbledore cambió su tono de voz, esta vez intentó tranquilizar a George, más amablemente.
- Chico... - George no le miró. Seguía cabizbajo. Nadie, absolutamente nadie, desde que los gemelos Weasley entrtaron en el colegio, habían visto al divertido, reblede y gracioso George Weasley tan triste... Y menos por una chica.
- Chico... - Volvió a decir Dumbledore, esta vez, le puso la mano en el hombro. Esta vez George se giró. Lentamente. - Vamos, vé a tu sitio.
- No la dejaré sola. No la soltaré. - Dijo él con un hilo de voz.
Dumbledore suspiró.
- Vamos, por favor.
George no tenía remedio. Dejó cuidadosamente a Stevie de nuevo en el suelo y se fué a su sitio.
- ¿Estás bien? - Preguntó Harry.
- No.
- Yo tampoco.
Los dos volvieron a mirar hacia el suelo, donde yacía Stevie. Realmente parecía que no respirara.
La infermera entró por la puerta del comedor a toda prisa. Miró atentamente a Stevie, y pasó su varita por encima de ella. Se levantó y se dirigió a Dumbledore.
- No está muerta. - Varios suspiros de alivio sonaron en la sala. - Se ha desmayado... Lo que no sé és porque. ¿Dices que se quedó inmóvil y luego se cayó al suelo?
- Sí. - Contestó Dumbledore.
- ¿Así, sin más?
- Sí. - Añadió esta vez McGonagall.
La sala volvió a quedarse en silencio. Un silencio aterrador. Peor que todos los anteriores. Ni la señorita Pomfrey, la infermera de Hogwarts, sabía que sucedía. El silencio se rompió de golpe.
- Gryffindor.
Todos se volvieron hacia Stevie.
Había abierto los ojos. Algunos se levantaron, pero Dumbledore les indicó que se volvieran a sentar haciendo un gesto con la mano.
Stevie se incorporó difícilmente, agarrándose en el tamburete como podía, y sentándose en él. Parecía que su cuerpo pesaba toneladas, pues cuando se consiguió sentar estaba agotada, como si hubiera corrido durante media hora. McGonagall se acercó a ella, pero Dumbledore también lo impidió. Él y Stevie se miraron a los ojos. Stevie comprendió entonces que Dumbledore sabía lo que le había pasado.
- ¿Estás bien? - Preguntó él.
- Lo he visto.
- Lo sé. Tu padre también lo vió.
Toda la sala se mantenía incrédula. Querían que Dumbledore acabara de hablar. Y Stevie también así lo deseaba.
Dumbledore se acercó a Stevie. Le colocó la mano en el hombro, y le dijo:
- Stevie, igual que tú padre, igual que solo tres magos y brujas más en todo el mundo... - Stevie aguantaba la respiración. Tampoco hubiera podido respirar aunque quisiera. Dumbledore por fin lo dijo:
- Ves el futuro, Stevie.
Ay Mireia me encanta tu historia, es tan asdfghjklñ como tú, ¡sigue escribiendo así de bien! <3
ResponEliminaMuuchas gracias, amor! Lo intentaré hahahaha <3
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